La historia de este romano empieza en el año 50 antes de cristo. Era petizo, pero como todo bajito, era alto. Abogado quería ser, pero le gustaba mucho el vino de vacco, el coliseo romano, las locas romanas, y ademas, y por sobre todo la mezcla. Cuando la luna se pone llena, salía a aullar por los caminos inmundos, mostrandole al mundo de que esta hecho su tronco y su pecho. Cuando llueve, el tomaba sus columnas, las rajaba, las vertía, escupía y se ponia debajo, para que le moje, para sentirlo. Para vivirlo. Tallaba con un cincel en la puerta de sus casas "aqui solo entran los justos", y los injustos, que se abstengan. Tomaba de la buena. De la buena vida, de las buenas minas, de la buena bebida. Pero siempre de la buena. Carecía de sensibilidad frenética. Carece de filtro y de estética. Carece de miedo, pero carece de tiempo. Su día, entre el concilium, el laborum, y las tablas, se resumía en horas y horas de actividades y horas y horas sin dormir. Es po...