Moral Eija (o la calidad interpersonal de los sujetos tácitos pluscuanperfectibles) (nah, el título no dice nada)
Te sentás a disfrutar tu cuelgue, a no entender porque no se suele sentir lo que se siente. A regordearte en la duda del vacío, sin tu cuna, sin tus ganas, sin tu aura y sin, sin palabras.
Te sentás en la cocina, en el comedor, en el patio, frente a la perra, por lo bajo del televisor. Te sentás a observarte sentado.
Te sentás por no tener más ganas de estar parado, por no tener una razón para estarlo. Por no tener hambre ni asco.
Te sentás en un cafe a charlar con aquella persona que aportó los peces en el acuario del vientre de tu madre. Ya la imagen puede parecer casi avasallante. Casi vomitiva. La imagen diría yo, roza la destrucción. Es...a ver...pésima. Pero sí, los padres suelen ser de proveniencia especial.
Te sentás a tomar un café , o un mate cocido con tostadas, a preguntarle a un interlocutor que nació y creció a la vera de una vida que roza lo ingrato por momentos, lo locuaz por otros, lo ingenuo, lo aventurero, hasta lo mosquetero dirían algunos, por miedo a que rime un poco demás.
Te sentás a tratar de dilucidar ciertas (o inciertas) cosas sobre tu presente, tu pasado y tu futuro, con una parte tuya que vive y camina y es independiente (o dependiente de vos)
Te sentás a tratar de empezar a intentar comprender porque sos tan parecido, tan distinto, tan poco único y tan poco oblicuo al lado de aquel que alguna vez te supo cambiar el pañal.
Te sentás a escuchar. A mirar a los ojos a alguien que no sabe lo que dice, que no entiende nada de tu vida, que no esta en tus pantalones, pero igual opina. Que tiene el dejo de opinar con tanta libertad como si fuera los zapatos que gastas día a día al reptar.
Error.
Te sentás a aprender, porque una parte tuya ya vivió eso, o algo parecido. Mas grande, mas viejo, más blanco y negro, pero ya pasó por esa esquina que tanto cuesta doblar.
Te sentás a absorber, tanto líquido que perdiste por ahí
Te sentás a medir, a calcular, a borronear y proyectar.
Pero ojo, buscas el porque. Buscas el quizás
Que es totalmente distinto a sentarte a ver la vida pasar.
Te sentás para tomar aire, detenerte y mirar alrededor.
Y así ahora lo pensás.
Te sentás para decir ya basta de nubes, ya basta de espejos.
Te sentás para decirle, viejo, como vengo.
Te sentás a escuchar, a aplicar, a sentir, nunca a aplazar.
Te sentás a empezar
Y ahora, te lo dice
y ahora lo escuchas.
y ahora, ahora te parás
Juampi
Te sentás en la cocina, en el comedor, en el patio, frente a la perra, por lo bajo del televisor. Te sentás a observarte sentado.
Te sentás por no tener más ganas de estar parado, por no tener una razón para estarlo. Por no tener hambre ni asco.
Te sentás en un cafe a charlar con aquella persona que aportó los peces en el acuario del vientre de tu madre. Ya la imagen puede parecer casi avasallante. Casi vomitiva. La imagen diría yo, roza la destrucción. Es...a ver...pésima. Pero sí, los padres suelen ser de proveniencia especial.
Te sentás a tomar un café , o un mate cocido con tostadas, a preguntarle a un interlocutor que nació y creció a la vera de una vida que roza lo ingrato por momentos, lo locuaz por otros, lo ingenuo, lo aventurero, hasta lo mosquetero dirían algunos, por miedo a que rime un poco demás.
Te sentás a tratar de dilucidar ciertas (o inciertas) cosas sobre tu presente, tu pasado y tu futuro, con una parte tuya que vive y camina y es independiente (o dependiente de vos)
Te sentás a tratar de empezar a intentar comprender porque sos tan parecido, tan distinto, tan poco único y tan poco oblicuo al lado de aquel que alguna vez te supo cambiar el pañal.
Te sentás a escuchar. A mirar a los ojos a alguien que no sabe lo que dice, que no entiende nada de tu vida, que no esta en tus pantalones, pero igual opina. Que tiene el dejo de opinar con tanta libertad como si fuera los zapatos que gastas día a día al reptar.
Error.
Te sentás a aprender, porque una parte tuya ya vivió eso, o algo parecido. Mas grande, mas viejo, más blanco y negro, pero ya pasó por esa esquina que tanto cuesta doblar.
Te sentás a absorber, tanto líquido que perdiste por ahí
Te sentás a medir, a calcular, a borronear y proyectar.
Pero ojo, buscas el porque. Buscas el quizás
Que es totalmente distinto a sentarte a ver la vida pasar.
Te sentás para tomar aire, detenerte y mirar alrededor.
Y así ahora lo pensás.
Te sentás para decir ya basta de nubes, ya basta de espejos.
Te sentás para decirle, viejo, como vengo.
Te sentás a escuchar, a aplicar, a sentir, nunca a aplazar.
Te sentás a empezar
Y ahora, te lo dice
y ahora lo escuchas.
y ahora, ahora te parás
Juampi
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