Maximus Augustus Acerrimus (Latinazgos modernos vs. Dietas Estrictas)

La historia de este romano empieza en el año 50 antes de cristo. Era petizo, pero como todo bajito, era alto. Abogado quería ser, pero le gustaba mucho el vino de vacco, el coliseo romano, las locas romanas, y ademas, y por sobre todo la mezcla.
Cuando la luna se pone llena, salía a aullar por los caminos inmundos, mostrandole al mundo de que esta hecho su tronco y su pecho.
Cuando llueve, el tomaba sus columnas, las rajaba, las vertía, escupía y se ponia debajo, para que le moje, para sentirlo. Para vivirlo.
Tallaba con un cincel en la puerta de sus casas "aqui solo entran los justos", y los injustos, que se abstengan.
Tomaba de la buena. De la buena vida, de las buenas minas, de la buena bebida. Pero siempre de la buena.
Carecía de sensibilidad frenética. Carece de filtro y de estética. Carece de miedo, pero carece de tiempo.
Su día, entre el concilium, el laborum, y las tablas, se resumía en horas y horas de actividades y horas y horas sin dormir. Es por eso que aspiraba a inspirar esperas. Y voló y actuó más allá del entendimiento de unos pocos o unos muchos.
Sin pensarlo ni temerlo. Pero voló mucho más lejos que nosotros.
Pusieron en dudas sus motivos, sus nortes, sus horizontes. Pero siempre sorprendió a todos aquellos que osaron cuestionarle. La razón en su punto medio de pasión con baño maría. La sublimación de todas las canciones y todos los procederes de un mundo procesal de ceramica e historicismo. El sabía como disecar las bolas de quienes proceden mal.
Fue justo jodon, pecador intermedio, abusador honesto, cantador loco. Fue escriba, pegaso y almafuerte.
Respeto y previsión. Esfuerzo y mucho amor. Culus y tetus. Y mucha pero mucha mística de luchador que hace un tanto en el último mínuto de la final del las olimpíadas. Combatió en tantos coliseos solo, que nunca llamo a los comunes a observarlo. Mato bestias con las mentes. Aplaco tigres con las muelas. Y bailó la zamba de la meseta del lazio.
Fue promiscuo, proletario, rico, mago. Quisieron sepultarlo bajo una montaña de piedra, por ser incomprendido. Por ser distinto.
Pero como dijo un relator, Alanus IV de Matheus, era simplemente, Un Noble.

Murió de viejo, estoico, convexo, dejando más de mil legados y mucho más de un beso.
Murió de joda, contento, como quien viene al mundo a dejar su sello.

Dice la leyenda, que 2000 años después, reencarnara, con las mismas condiciones.
Lo llamaran Ezequiel Augusto.
Pero, para ocultar la profecía, solo responderá al primero de sus nombres.
El resto, ya es historia.

Juanus Paulus VII (el escriba espartano que trucho su documento para ser romano por trasplante)
Año 30 D.C

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