La observadora interna (Lucía, la pseudogata)


El día que a mi abuelo lo operaron del corazón ella estaba emabarazada, jovencita, por dar a luz, en la cucha de coli, el pseudoperro, integrante inmortal del staff de mis mascotas. Esa noche la perra le había cedido a la gata por lealtades femeninas, que solo se entienden entre sí. 
El día que coli se apago, ella la cuido hasta el último momento. Y me miraba fijo mientras le armaba una cuchita atemporal, ahi donde duerme Pucho también. 
Cuando Arman estaba en la terraza, ella le hacía mimos. Cuando no, también. Reina de la medianera, con su piel leopardesca y su madurez tardía, recibió a Laica, cuando llegó a romper plantas, morder macetas y saltar por todos lados. Fue mentora, compañera y lady, y cuando lloraba de noche como cachorrita asustada, Lucía se quedaba cerca, para que supiera que había alguien que la iba a cuidar.
Deslizandose con premura, maullandote claramente que tenía hambre, y luego, que la comida debía estar a la altura del piso porque realmente era molesto para una señora de edad saltar hasta la mesada.
La vida hace que yo este girando en tornasol de muchas cosas y con muchas energías, y por ende, ya no soy el nieto capitán, ni el guardador de mi abuela. Eso hizo que como un niño de 5 años, nadie me dijera que el 28 de octubre pasado lucía se durmió una siesta en lo del vecino.
Lo cual no me molesta, pero me entristece.

Los cronistas de lo cotidiano merecen el respeto y los honores que los protagonistas de las historias que siguen. Sucede que aquellos que observan, con la mitad de la consciencia en este plano y el resto en otro, sobre todo siendo gatos, merecen el mismo destino que sus objetos de análisis.

Me hubiera gustado encontrarla y agradecerle la compañía incondicional y sin reproches, aun cuando no era el centro de atención. Nunca lo fue, porque todos sabemos que aquellos que son independientes no nublan nuestro juicio ni nuestra preocupación. Aquellos que logran el despegue, tienen nuestra camaradería, no nuestro cuidado casi infantil.

Me disculpo por el odio y la bronca que siento pero, la verdad, es doloroso enterarse que un compañero de ruta no esta más con nosotros.

Preciosa, tenés tu lugar donde te lo ganaste, junto a todos los bichitos que nos construyen a lo largo de los años. Merodeando por las azoteas que seguro sobrán en los jardines, granjas, y parques donde nos contaban  que iban a pasear, junto con papa noel, el ratón perez, y todas las cosas en las que vale la pena creer.

Chau hermosa.
Juampi

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