Linterna Rosa (o el superheroe que no recargaba demasiado la batería de su celular)

Por debajo de los árboles, más abajo aún, se cuenta la leyenda de un abrumante devorador de carteles. Un individuo hosco y seco, que, sin desesperar, se entrega a los llantos eternos de un mar de almejas no extintas, ni explotadas.

Cuando caminás por la ruta del sol, y te abogas a los escuetos vericuetos en los que consiste un día normal, podes pasar por miles de estados. El, pasa por millones.

Linterna Rosa es un moreno medio intermedio. Esas personas que sin caer en la desgracia que conlleva la notable fealdad, no llega a apetecer a las masas. Es de esos que ninguna se da demasiado vuelta como para mirar. Gran detractor de aquellos que osan con rozar la normalidad. Pero también, para que mentir, cierra contracto con el que mejor paga, siempre dentro de una mentira religiosa que es autoconvencerse.

Entre sus poderes, cuenta con una impresionante capacidad de hacer reir a la gente, el rídiculo cultural le basta para bajar las estrellas de cualquier dama por un breve instante, ese en el que no esta, ni el ni su sombra. Ni si mismo. Ni algún otro. Dinero no le sobra, pero también le falta digamos. Amor, para que vamos a entrar en ese campo. Mas o menos como a cualquier otro ser humano le va. Menos por momentos, más por instantes, inerte y poético en su mayoría.

Profiláctico de aquellos, cubre cabezas que no tienen demasiada importancia en su gallarda actitud hacia la vida. Piensa de a gotas, sueña de a mares, y siempre se ahoga, por las dudas, antes de tirar la primera brazada. Pero a veces, se pone a nadar, estilo mariposa, estilo inigualable, tirando agua para todos lados. Salpicando gracia de fuego y rayos de hielo, mientras sueña una revolución en su acicalada memoria. A veces es valiente, aunque se le va la mano en disimularlo.

Linterna ilumina las noches de una ciudad que lo ama tanto como puede amar a un loco que implosiona en un subte, a un cartonero con clientela estable, a un linyera ilustrado que no recae en el alcoholismo.

Cuelga sus carteles de libertad, de patria o enrique iglesias, canciones de tres corazones y pocas neuronas, festeja sus logros como finales del mundo, y cuando tiene que participar en alguna, por las dudas, la da por empatada o la vuelve amistosa.

Tiene un clan que por las noches lo vigila y lo mantiene seguro por walkie talkie. Cuenta con los dedos para no sumar más manos a sus roncas manos. No junta mugre sino alegría, no filtra ni roba, sino que, simplemente, decanta. Ilumina, ayuda, proclama y sufre. Porque no va a sufrir, si es humano como todos nosotros.

Toma taxis donde reposa, acumula su energía en los brazos de cartón, y sangra, como pocos, cuando lo cortan muy profundo.

No se pregunten para que sirve un heroe así. Porque cuestionar la existencia de semejante espécimen, es sacarle la gracia a nuestros personajes de comic, que no son ni batman, ni superman, ni spiderman, sino vecinos, compañeros locos, chantas que caminan por la calle de esta buitreada ciudad, a la espera de una carroña mal dispuesta.

O simplemente, agazapado en el rincón de una callecita, esperando para entrar en tu día a día.

A la vera del río de la plata, crece una planta que camina, hace fotosíntesis con sushi y coexiste con los seres inhumanos que desbordan esta ciudad.

Pero por las noches, es hasta un ampón sin cerebro, un mujeriego de esos de cuento. Un aglutinador de glotonerías.

Lo bueno, es que mañana, seguro, que se hace de día.

Juampi

Comentarios

Entradas populares de este blog

Anaksunamun (o como, hasta a "la momia", con todos sus poderes, le metieron las guampas)

Onomatopeya de sonido glutural emitido con el esofago con rudimentaría bronca (o también "Mmmmmmmmmrrrrrrrr")

Carta para un amanecer (leela cuando puedas)