Cielo de dos o tres colores (granizado de dulce de lluvia)
Cuando salí esta mañana de lo de mi abuela, poco importaba el horario, o a donde me dirigía.
Solo mi mente de interlocutora comenzó a relatarme suavemente una pequeña descripción.
Trascribo infielmente a continuación.
"...Mancha rosada, húmeda, calurosa, pero cargada de aurora, nos despertamos y comimos unas magdalenas gigantes con pasas de frutas violetas, y unos jugos de naranjas monstruosos, con queso. Que rico. Caminamos hasta el taunus dorado, y fuimos manejando con el calor de la garúa hasta la entrada del Animal Kingdom. Y yo no podía dejar de mirar fijo y casi irresolutamente al cielo. Cuando entramos a los carritos, se me vino la idea a la cabeza de que algo estaba demasiado bien. El naranja fluorescente me carcomía la vista. Era como admirar una divinidad, o ver un pedazo de profeta encerrado en su camarín con el cartel colgado que decía - en 5 vuelvo - escrito en nubes. Subir al árbol del Rey Leon, gigante, laberíntico, con la lluvia haciendo una casi selva de plástico latir y vivir... Y ese cielo naranja que no hace más que reclamar mi atención...Lo tiene merecido..."
Mientras esperaba el 99 esta mañana, contemple lo que es ese cielo. El mismo que en el 98' me acompaño en ese húmedo trayecto. En ese húmedo viaje. Y cuando me subí al colectivo, mi tío nos hizo sacar una foto en las tiendas de recuerdos que cerraban por el alerta del huracán, y volvimos carpiendo al hotel, porque hoy a la noche, van a decir por la tele, la dirección de los refugios. Igual, no creo que pase nada.
Juampi
Solo mi mente de interlocutora comenzó a relatarme suavemente una pequeña descripción.
Trascribo infielmente a continuación.
"...Mancha rosada, húmeda, calurosa, pero cargada de aurora, nos despertamos y comimos unas magdalenas gigantes con pasas de frutas violetas, y unos jugos de naranjas monstruosos, con queso. Que rico. Caminamos hasta el taunus dorado, y fuimos manejando con el calor de la garúa hasta la entrada del Animal Kingdom. Y yo no podía dejar de mirar fijo y casi irresolutamente al cielo. Cuando entramos a los carritos, se me vino la idea a la cabeza de que algo estaba demasiado bien. El naranja fluorescente me carcomía la vista. Era como admirar una divinidad, o ver un pedazo de profeta encerrado en su camarín con el cartel colgado que decía - en 5 vuelvo - escrito en nubes. Subir al árbol del Rey Leon, gigante, laberíntico, con la lluvia haciendo una casi selva de plástico latir y vivir... Y ese cielo naranja que no hace más que reclamar mi atención...Lo tiene merecido..."
Mientras esperaba el 99 esta mañana, contemple lo que es ese cielo. El mismo que en el 98' me acompaño en ese húmedo trayecto. En ese húmedo viaje. Y cuando me subí al colectivo, mi tío nos hizo sacar una foto en las tiendas de recuerdos que cerraban por el alerta del huracán, y volvimos carpiendo al hotel, porque hoy a la noche, van a decir por la tele, la dirección de los refugios. Igual, no creo que pase nada.
Juampi
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