La Bartola Arrepentida (Omitido por denuncias multiples)

En la puerta del bar dice "Skansgaard". Adentro, cientos de escandinavos se emborrachan al ritmo de música serbia de danza enloquecida. El dueño del bar, viejo pero constante, amarra de la cintura a un bombón de los años 80, devenida en respetable señora mayor (con más galope que pampero, el caballo de Patoruzú). Atrás de la barra se encuentra quien les escribe. Limpia una copa mientras espera que el próximo sueco pida cerveza cara, o un trago latinoamericano que puedo prepararle. Hace 3 años que seque la primera licuadora. Hace 2 que conocí Sarajevo, y entendí porque Bono y Pavarotti le cantaron. Hace 4, que no me tomo el subte ni el 99.
Praga es hermosa. Es única. No parece apta para vivir, debido a que todos nosotros debemos tener la decencia de padecer un poco nuestro ambiente de residencia. Por decencia al amor argentino del aborrecer un poquito (para no perder la costumbre, ¿vió?) .
Y yo que empece a ahorrar solo para recorrer. Al principio me escape del día del regreso. Después, encontré soluciones provisorias a mi ausencia. Me mentalice y de a poco injerte la idea de que podía hacer lo que quería. Volví para dar exámenes y hacer unos asaditos. Para salir por lansky y volverme en taxi ebrio de felicidad nostalgia y demases. Pero siempre con la tónica nacida de un tugurio cantado. Como si tomara vacaciones de mi opción de vida. Para quedar bien.

La plata iba acrecentandome. Y las cosas ya no costaban tanto. Ni eran tan imposibles. Era todo fanáticamente real.

Estaba sirviéndome un etiqueta negra, cuando llego una amazona sin tacos. Mezcla perfecta como jarabe para la tos, caldo y pollito dietético en un día de gripe en la secundaria. Era exactamente lo que necesitaba. Pasaron los días y no entendía la veracidad o lógica de estar en otro lado que no fuera en una cama con ella. Era prácticamente lo único que hacía fuera de mi trabajo. Ella fue solo el inicio. Cuando uno se deja llevar, el convencimiento se convierte en tema gastado (los días que discutís con el espejo).

Y yo suspendido en el tiempo. los meses se iban y envejecía (a veces, sin exagerar, a veces).
Todo tan desarrapado, como una galleta seca que te apetece. Como el pucho a la mañana de un domingo cuando todavía la ciudad es de los sonámbulos, fiesteros y parroquianos, y no de las familias sanas que salen a pasear y a comer. Anestesia lúcida. Una vida al fin y al cabo.

Creo firme y cabalmente en la facilidad para abusar de la hospitalidad que mi mente brinda a las estimadas maquinaciones. Pero es mejor que una droga. Es una cuenta cerrada. Un balance justo. Un círculo completo. Es mirarme a los ojos y decir "¿Por que no?". Es el momento quizás. O por un rato ir a flotar.

Puede ser en Praga. En Venecia. En Kazakstán o en Rosario. En Azul, en Floresta o en Zarate. Puede ser donde yo me tire en paracaidas sin freno de mano y olvidándome de que estoy en un avión, a dos mil metros, y que el vientito en el boxer, no es otra cosa que la inmunda sensación de caída libre. Inmunda y Terriblemente Necesaria. Una entrega total y sin resistencia a la gravedad. Un descenso. Una realidad que sin pedirte permiso, te hace puré.

Hay días que me tiro en caída libre, paso por medio mundo, y aterrizo suavemente saludando a todos con cara de ruiseñor y ojos de palmerita. Pero ciertas tardes, me quedo en el avión, acordandome cuando miraba a esos (cuales de todos pregunta la hinchada) ojos con cara de ensueño perdedor.

Aprendí algo. Si me quedo en la sala de espera, no esta bien. Es una jornada perdida. En República Checa o en Argentina.

Por más que a veces, sea tan tentador escribir mientras pienso en la piña que no di, el verso que guarde, los ojos que no miré. El "hola" que no propicie. Las últimas palabras según el guión. Las horas que jugué a la computadora en vez de construir un futuro ficticio. O el beso con el que te tendría que haber sacudido la decencia que te impuse por deporte (o miedo a que fueras real).
Hay muchas cosas que no hice. Para todo lo demás, existe Mastercard.
Y si no aceptan tarjeta. Robalo. Tomalo. Sacalo. Y Corre
Corre Carajo.
Que si te agarran, por lo menos, que haya sido con los pantalones bajos.
o con el alma saltando.
o con la sonrisa en la cara.

Mañanas de Sol (...no tengas miedo no...)
JPGMDL

Comentarios

Romina (Zen) ha dicho que…
Bueno.. acá va la inspiración que te hice saber y la diferencia que se me ocurre entre arrojo y salto.. Ambos bienvenidos, dependiendo de la ocasión, no te parece?

"El salto al vacío,
no arrebatado, si decidido,
ése que gravita elección y pérdida
impulsa al ángel hacia el encuentro con sus alas,
aquellas que desafían auténticamente un destino"

Beso grandee ;)

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