Los Marcos De Realidad (o las fotos sin portarretratos)
Hace días que intento sentarme a escribir un texto, pero no logro exprimir nada decente. Tengo iteraciones salpicadas. Tengo deseos pero se me van al momento que me siento frente al teclado. Escribo en los buses, pienso secuencias literarias con bandas sonoras (no es raro verme por la calle cantando, corriendo y lógicamente hablando solo). Y también, como seguramente ya habrán adivinado, suelo escribir sobre mi imposibilidad de escribir
Pero hoy no tengo ganas de ponerme en torturado, oscuro, simbiótico o pesimista. Hoy tengo ganas de volcarme para el piso. No por el piso, sino aterrizar un ratito.
Cada vez que noto una bola de fuego aproximándose, despejo el área y danzo cual pato en celo en busca de atraer al cataclismo. Y si no es tan grave, bailo más fuerte a ver si se me enoja y me pega con rabia. Un sadomasoquismo irreal, poco orgánico. Un mecanismo de autodestrucción ejemplar. La pregunta sería... ¿Dar el ejemplo de que puntualmente?
No logro concebir una salida pacífica para este mal de ardores otoñales superfluos. Porque no la busco tampoco. Estoy parado en el medio de un escenario donde un adulto y un retoño juvenil representaría la revelación del misterio tabú referido a la no existencia física de Papa Noel. Y yo soy el niño, a quien le dicen, "no existe el gordo de barba".
En vez de llorar ríos de pena infantil y pureza a las rocas, me alegro. Me sonrío. Me regocijo. Con cara de cansado y actitud acuática. Nadando en una pileta de viscosidad, como de alcohol en gel pero sin quemar, sin desinfectar. Simple y sencillamente nadando en un ambiente inesperado.
Cuando uno enfrenta cara a cara a sus miedos, generalmente esta siendo embaucado. Este año por lo menos me agarre a los sopapos 4 veces con mis complejos, ensarte a 2 o 3 fantasmas de mi inconsciente y puse contra la pared y asexué con una faca a mis fantasías bollywoodenses. La experiencia me hizo el favor de clarificarme mis batallas. Claramente, o sea y básicamente, son conjunciones previas a espejismos maquiavélicos de colores santos. Acaparé adverbios para sutilmente relajarme en un porvenir místico de derrotas, tormentos y victorias precolombinas en los recovecos de mi cabeza. Y si, por las dudas pierdo.
Soy un hombre sin rostro real; si me miro al espejo, no le creo ni a la imagen que sale del otro lado, ni a la luz que me refleja, ni al espejo, ni a mi. Vivo con el enemigo adentro. Me susurra cosas a la sala de estar de mis pulsiones. Me contradice antes de que abra la boca. Y me lleva a situaciones límites. Al divino botón. Por deporte.
y para colmo de males, me hace creer que es el único camino posible.
Fantasía es una película de disney muy recomendable si poseen en las inmediaciones de su mesita de luz un buen paquete de alucinógenos. Fantasía es un deseo sexual que tenemos guardado para revelarle a aquella persona que confiamos nos acompañara en el corto camino a cumplirla. Fantasía es una proyección de una contextualidad ideal para nuestras almas, humildes pero pedigüeñas.
Fantasía, nunca, nunca es nuestra realidad. Porque si mi día a día lo torno una de ellas, el mundo, la tierra, sus habitantes y el espíritu (sentido) común me va a desgarrar como si fuera un tierno pedazo de entraña a punto. Es sencillo insultar al destino por no cumplir con nuestras expectativas.
Y buscar ser victimarios de altísimos péndulos, convidándonos a no engendrar más que la no planificación de nuestras sonrisas. Ese es mi camino a seguir.
Fantasía. Es una película. De Disney o de tu inconsciente.
Corrijo.
Fantasía es mi película
Pero no soy el director y la vida no es un largometraje.
Buscando medios de sustitución de importaciones, o a lo sumo, un huesito No metafísico, JPGMDL
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