AVISO BROMATOPSIQUIATRICO Nº34

Hay en el mundo Diversos tipos de atracciones:

La primera es la que el 90% de los seres humanos percibe:

Atracción física o a primera vista. Posterior ganancia de interés en aspectos personales. Atributos: Impulsiva o pausada, comprendida en un marco teórico en el cual no hay tantas vueltas y los eventos se suceden uno tras otro. O no

Atracción en diferido: La persona comienza por ganar aprecio, amistad de otra. Y luego con el traspaso de los días toma en consideración lo inevitabilidad de su realidad. Esta auto condenado a acercarse más y más al centro de imputación de sentimientos propios. Sucede que las pautas de inicio no son las mismas que antes. EJ: Me enamore de mi mejor amiga

Atracción rupestre: Primeras atracciones de un ser humano por otro. Generalmente comprendían secuestros cavernarios, garrotazos y mucho bello corporal. No recomendables en la actualidad

Atracción inversa: Comienzas por charlar con una persona, sus ideas te inundan, su mente se anexa con la tuya. Y de repente te ves queriendo morderle un concepto, apretujarle un paradigma o mal y pronto, encerrarle su acervo de conocimiento en un cuarto de telo. Muy recomendable para los intelectualoides no muy apuestos.

Pero el que más me interesa a mí, sin duda alguna, es aquella por la cual la persona escapa a todo tipo de marco de convención. Aquella atracción que por más que uno desea invariablemente enterrar siempre va a encontrar una excusa recurrible para reabrir el caso. (Más cuando el deseo cabal de la otra persona es mantener su representación a flote). Y uno se repite a si mismo miles de sandeces… Sinceramente no conozco otro modo de desprecio galopante a la razón.

He recorrido muchas veces senderos por los cuales, día a día, las 4 musas bellezus, tetus, culusme y amorim me visitaban. Incluso he asociado a estos seres a lugares y gentes donde y con quienes claramente mi percepción más que fallarme se me estaba muriendo de risa. Y otras veces, me ha susurrado bajito.

Hoy por hoy no me pongo a analizar ni a etiquetar lo que surge dentro mío. Es muy poco certero, generalmente doloroso y muchas veces hasta decepcionante (la elección y la desición propia).

Sin embargo, hay una atracción que no puedo manejar… una que cada vez que trato de racionalizar y objetivar vuelve a rondarme. Una gallina alrededor de su huevo. Dentro de ese huevo, está el embrión de esa misma gallina.

Mientras no deje que ese concepto me determine la noche, mi jornada es normal.

Hay días que fallo en esa tarea. Pesa un poco. Pero son más que dulces. Dulzura ficticia, dulzura artificial, extracto de una palabra, de un malentendido o de un recuerdo mal aprehendido. Dulzura engañosa, dulzura ajena, besos de otro y labios perdidos. Chances gastadas y mensajes y mas mensajes subliminales. Risas perdidas. Gustos . Y ese deseo que compartimos de compartir todo lo que existe en común (hable en plural por desdén, por gracia, o porque simplemente lo creo así). Y por más que el sentido común me lleve a pensar que es todo una maquinación mía, Tengo en claro que mi atracción tiene fundamento.

A este ultimo tipo de atracción no le pongo titulo. Tiene muchos nombres. Pero tiene solo un ineludible destino...

Mejor no fallar en las tareas de control. Y si fallo. Créanme, no es solo culpa mía.

Mecanismos de control, solo somos... JPGMDL

Comentarios

Romina ha dicho que…
Y cuan difícil es crear intimidad

Cuando dos personas se encuentran el reencuentro es inevitable. Hallándose lo que se busca, la repetición nunca estará más a la orden del día.
La fascinación o el encantamiento nace en el eclipse de dos seres "haciendo" que hacen uno. En ese mismo instante la superposición de campos produce la pérdida encubierta y rotunda de cada parte en el otro. En éste sentido el término inglés “fall in love” nunca representó mejor ésta abreviadísima etapa del amor que implica no sólo la caída del sí mismo sino también la sutil suspensión del ser en el anclaje y encastre ilusorio con el otro. Como desenlace analgésico y fugaz, éste amor primario desata el alivio de perdernos por un rato de nosotros mismos y a su vez la extraña y familiar sensación de inquietud de estar por fuera de nuestro eje y control.
Ahora bien, éste estado no suele prolongarse y desarrollarse demasiado. La singularidad irrumpe e interrumpe cuando se escabulle y vocifera palabras o acciones que hablan de la burla de su desencadenamiento. Y si éste paraíso de llamas de lo verdadero se sostiene no es sin éste sacrificio existencial y con una serie de enredos miméticos que sustituyen la potencialidad de lo auténtico.
La otra cara de la moneda es el arribo a un desencanto tan total como brusco con el otro cuyo efecto consistente no es más que apreciar el nítido y fidedigno reflejo de uno en el afuera, probatorio del talento ancestral y clonatorio basado en la capacidad de autoreproducción de la especie humana que se resiste a su extinción proyectiva. Me acuerdo de la película “El náufrago” en el momento que el personaje de Tom Hanks le da vida a una pelota de rugby como forma de sentirse vivo en la “vuelta a casa”. Véase la metáfora: volver a casa/ volver a uno mismo con la ayuda imaginaria de algún otro (persona, objeto) que devuelva algo de si.

Y los enamoramientos suceden, más o menos tortuosos y costosos como tan diversos son los grados donde ofrendar nuestra alma a Eros con esos pequeños o grandes sacrificios que siempre duelen al desprenderse de uno pero que por suerte en los casos donde no haya que rendir y pagar tanta deuda traerán esa ganancia social de un espacio concreto para el otro y la conservación de la integridad afirmadamente digna del territorio propio.

El desafío de salir de nuestra isla me parece que está en la aventura de la yuxtaposición de los universos personales alineados. Fundamentalmente en los corrimientos imprescindibles que inauguren una movediza pero posible intersección. Porque será ese espacio la justificación de la continuidad de un reencuentro que pase a sostenerse por el encuentro real con algo que no es exclusivamente de uno ni del otro, sino del interjuego creado por la sumatoria innovadora de la corroboración de dos almas que pasan a compartir esa atenuada y viva luz en común.

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