La veracidad de las falacias (o como constantemente mentimos pero con la verdad)

Estimados lectores inconexos:


Creyentes y no creyentes, evangelistas, cristianos, hebreos o hinchas de racing. A todos. A uno. A varios. A quien nunca ha mentido, esta omitiendo la veracidad de su actuar. Es decir. La mentira es el hilo conductor de la verdad.


Estoy seguro que más de un pensante debe estar horrorizado por mi postulado, pero debo insistir en que todo el tiempo uno miente, constantemente, y nuestras expresiones más sinceras estan cargadas aún de un dote de inversimilitud.


No soy un detractor de la verdad, pero estoy completamente cansado de la persistencia de los miles que se rajan las vestiduras hablando de la verdad. Unica. Absoluta. Llana y Lisa.


Existen infinitas verdades, asi como infinitas mentiras. Yo conozco cientos de verdades, pero que un día, a una cierta hora, a un cierto contexto se transforman en lo que son. Tal vez, en Japón, en Alaska, o en Villa Marteli, sean falsedades.


Lo que es invariable es la fijación del caracter de algo positivo o negativo. Como asi puede parecer extremadamente enfermo de parte de este ser bastante ensimismado en sus pensamientos, que sostenga la multiplicidad de verdades, sostengo la unidad de bondad o maldad.


Asi como algo puede ser para mi verdadero y para otro falso, No puede ser sino Malo o Bueno. Estoy completamente agotado de los enviados del subjetivismo. Todo es relativo. Todo esta bien tanto como esta mal. Todo puede ser algo rescatable. Cada uno elige su propia aventura (de esto no me quejo ni chillo), pero si sotengo que en esa elección tenemos que tomar desiciones de hacer el bien o hacer el mal.


Seguramente miles de personas (y como me gusta decir miles, podría tambien decir, pequeñas cantidades de personas, pero dejamos le miles que es mas lindo), dado el contexto van a argumentar que con esto me refiero a situaciones tales como la explotación de la minería, el matrimonio entre personas del mismo sexo o mismo sobre el principio igualitario de la redistribución del ingreso.


No adoradores de la polémica. No seguidores de la burla y el desgaño. No, hinchas de Brasil.


Yo me refiero a que como principio rector en la vida uno puede mentir, porque a veces una mentira hace muy bien a alguien, y una verdad, sin consecuencias, sin sentidos, puede destruir, si esa verdad recubre un daño, un obrar maligno.


Recordemos que la moraleja de pinocho no es que le crezca la nariz sino buscar lo mejor para nosotros y para los que no rodean (en ese orden para mi opinión, porque si no buscamos lo mejor para nosotros a los de al lado les vamos a tirar heces, frustación, o resentimiento, enmascarado inclusive en acciones biblicamente aplaudidas)


Yo les propongo que mientan. Pero mientan responsablemente. Una mentira que encubre malicia, eso, eso es lo que condeno. Una mentira que encubre una verdad lacrimógena o innecesaria sirve. Poco, pero sirve. Cambio todas las verdades que tengo por que me hubieran mentido un poquito alguna vez, en vez de alimentar ese apetito sin fin por conocer las verdades que solo atentan contra nuestro porvenir o devenir (si, se puede sufrir por el pasado)

Y propongo un castigo ejemplar para aquellos detentadores de principios rectores y que siempre dicen la verdad, la que ellos creen, la que ellos piensan. Porque quien tiene la suficiencia moral de condenar una acción que busca preservar del dolor a alguien (una mentira piadosa, por ejemplo), no va a tener problemas de pulso a la hora de realizar una acción que corroe o le atina en el medio del espirítu a la otra persona.


Yo miento, pero no lastimo. Yo miento, pero cuido. Yo miento. Todos Mentimos. Lo importante, es la persecución del buen obrar. Y patrañas si alguien me viene a decir que lo bueno o lo malo es relativo.


Obtuso pero conciente de ello, JPGMDL

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