El registro de actividades autoinmolantes (o como incendarse sin recabar en el detalle de dar una buena imagen)
Las pequeñas fuentes de datos que han permanecido inalterables en el registro de la humanidad y sus arcas culturales, nos hacen llegar, hasta esta epoca, miles de formas de analizar nuestro presente. A partir de las novelas, de las historias, de los cuentos, hay una pauta conductora que nos permite identificar la constante necesidad del autor de trasmitir un mensaje.
A veces, nos sentimos impelidos a comunicar un mensaje. Me corrijo, a veces me siento empujado por mi propia escencia a transimitr un mensaje. A materializar algunas de las canciones que el candombe que es mi interior canta desafinadamente.
Esta necesidad esclavizante de transmitir un mensaje me lleva a la bifurcación del arrastre de los parroquianos que me rodean. O peor aun. A veces me autoconvenzo de la manifestación de un mensaje cuyo costo significa la incineración total de mi dignidad, de mi autoestima, de mi honor. Aun a veces todo junto puede llegar a darse en una monumental obra teatral puesta en escena delante de mis ojos.
Conozco miles de caras posibles para ponerle a la verguenza
Conozco miles de formas de poder volverte indeseable hasta para vos mismo
Conozco miles de días en los cuales tu mayor logro fue destruirte frente a otra persona más.
Conozco solo un damnificado.
Y a su vez, solo un favorecido.
El damnificado siempre será el hombre lo geneticamente inviable para no poder guardarse sus acepciones de la vida. O peor aun, lo soberbiamente abultado para estar convencido que su mensaje cambiará la realidad. La realidad que el conoce y que se siente capacitado para alterar.
La realidad absoluta (que, por supuesto, domino yo) es mi manera de forjar día a día un lugar donde puedo fracasar libremente. Un lugar donde mis sueños, mis amores, mis fantasías se complotan para destruirme. Para hacerme sentir la hormiga debajo de la trompa de un oso hormiguero algo sadico.
Creo que todos tenemos la capacidad de modificar sustancialmente nuestras realidades. Pero sucede que podemos llegar a ser muy crueles con nosotros mismos. Más si la posibilidad de lograr un objetivo esta tan cerca. Es por eso que nos incineramos. Es por eso que creamos un mensaje para comunicarle compulsivamente a la sociedad, que poco le importa.
La posibilidad latente de lograr pequeñas porciones de felicidad a la napolitana parece completamente erigida en contra de nuestra dieta de emociones fuertes. En algún momento habrá que optar entre engordar de alegría y de felicitaciones propias, o ser unos raquiticos de razón y frialdad. No creo en los puntos medios, asi como tampoco creo en los extremos.
Digamos que creo en la capacidad del ser humano de modificar su propia realidad sin sabotearse día tras día. No me creo ser humano. Es por eso que hablo en plural, sepan entender.
Pero el día que pueda volver a optar, voy a elegir esa raza de la que tan bien les he hablado a lo largo de toda mi creación, modesta y pretenciosa.
Hasta ese día, los resultados serán los mismos. Y mis postulados serán solo en miras de disminuir a este ente errante en el que me he convertido. Castigandome, por destinarme al fracaso. Ocultandome y huyendo, de la posibilidad real de la ruina. De perder.
El que no arriesga no pierde. Hasta que se da cuenta, luego de mucho tiempo, que no arriesgar es una de las formas de la derrota.
Autocrítico pero ....tampoco.
JPGMDL
A veces, nos sentimos impelidos a comunicar un mensaje. Me corrijo, a veces me siento empujado por mi propia escencia a transimitr un mensaje. A materializar algunas de las canciones que el candombe que es mi interior canta desafinadamente.
Esta necesidad esclavizante de transmitir un mensaje me lleva a la bifurcación del arrastre de los parroquianos que me rodean. O peor aun. A veces me autoconvenzo de la manifestación de un mensaje cuyo costo significa la incineración total de mi dignidad, de mi autoestima, de mi honor. Aun a veces todo junto puede llegar a darse en una monumental obra teatral puesta en escena delante de mis ojos.
Conozco miles de caras posibles para ponerle a la verguenza
Conozco miles de formas de poder volverte indeseable hasta para vos mismo
Conozco miles de días en los cuales tu mayor logro fue destruirte frente a otra persona más.
Conozco solo un damnificado.
Y a su vez, solo un favorecido.
El damnificado siempre será el hombre lo geneticamente inviable para no poder guardarse sus acepciones de la vida. O peor aun, lo soberbiamente abultado para estar convencido que su mensaje cambiará la realidad. La realidad que el conoce y que se siente capacitado para alterar.
La realidad absoluta (que, por supuesto, domino yo) es mi manera de forjar día a día un lugar donde puedo fracasar libremente. Un lugar donde mis sueños, mis amores, mis fantasías se complotan para destruirme. Para hacerme sentir la hormiga debajo de la trompa de un oso hormiguero algo sadico.
Creo que todos tenemos la capacidad de modificar sustancialmente nuestras realidades. Pero sucede que podemos llegar a ser muy crueles con nosotros mismos. Más si la posibilidad de lograr un objetivo esta tan cerca. Es por eso que nos incineramos. Es por eso que creamos un mensaje para comunicarle compulsivamente a la sociedad, que poco le importa.
La posibilidad latente de lograr pequeñas porciones de felicidad a la napolitana parece completamente erigida en contra de nuestra dieta de emociones fuertes. En algún momento habrá que optar entre engordar de alegría y de felicitaciones propias, o ser unos raquiticos de razón y frialdad. No creo en los puntos medios, asi como tampoco creo en los extremos.
Digamos que creo en la capacidad del ser humano de modificar su propia realidad sin sabotearse día tras día. No me creo ser humano. Es por eso que hablo en plural, sepan entender.
Pero el día que pueda volver a optar, voy a elegir esa raza de la que tan bien les he hablado a lo largo de toda mi creación, modesta y pretenciosa.
Hasta ese día, los resultados serán los mismos. Y mis postulados serán solo en miras de disminuir a este ente errante en el que me he convertido. Castigandome, por destinarme al fracaso. Ocultandome y huyendo, de la posibilidad real de la ruina. De perder.
El que no arriesga no pierde. Hasta que se da cuenta, luego de mucho tiempo, que no arriesgar es una de las formas de la derrota.
Autocrítico pero ....tampoco.
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