Taca tiquii taca, taca tiqui taca, tananam tanam (Mario Bros Music Man)

El gordo  mercado es un amigo que me banca en lo que escribo desde antes que escriba. Y eso es mucho decir.  A veces, uno necesita que lo banquen realmente cuando se manda una flasehada. Mi problema es que vivo mandándome flasehadas. No es por quedar simpático o hacer las cosas bien, sino por algo más intenso aún, algo que va hasta los huesos, se mete en el caracú, y ahí arranca.
Me paso la primera vez que escuche Sabbath. No fue en la radio, por la compu, en la tele o en un Cd, fue en el Tazo, a las 7 de la tarde, un martes, cuando unos amigos, Tiburón, ensayaban para su primer show tributo a los portadores de las cruces de plata, que mataban lobos e ignorancia. National Acrobat fue lo primero, con Tatalo dándole a la viola como si tuviera que matarla para que goze sufriendo. Algo terrible. Terminó el tema y pegue un grito que hasta hoy me saca la cabeza afuera y me la hace revolear. Es que esa música me toco adentro. No donde está el alma, según el ladri de Montaner, sino más adentro. Donde está la esencia. La música a veces te da ese motivo de sonreír, de gritar, de romper, que la vida te germina pero la realidad te impide soltar. Esas veces que algunos que nos cuesta más el desprendimiento, nos quedamos atados a un tema. Pero, la joda arranca cuando se desata.
Hoy entendí que uno no puede andar por la vida queriendo cosas que no van. Si a uno le gusta la fiesta, busca la fiesta, si a otro le gusta la cofradía de la flor solar, que descubra la contraseña. Tiene ocho dígitos.
El primero para las sombras, para saber donde esta lo peor.
El segundo apunta a las rastas. Al pedo, al pelo, a todo lo que decora y transmite.
El tercero, a los autos, a los móviles que nos llevan de aca a allá en cuarenta minutos. Y no necesariamente tienen ruedas y motor.

Los otros cinco son a libre albedrío.
Fe, patas, cabeza, movilidad, resistencia al sarampión y gusto por el rock.
El resto es mentira.
En escobar hay lugares que te sacan de quicio por lo conocido. Pero otros, te muestran todo lo que hay por conocer. Vivo en una ciudad, donde la gente no se corta el pelo en un coaufieur de seccional, sino que camina y corre para disfrutar. No para limarse, no para romperse, no solo es esto tan vano. No miren mal. Desaprendan a mirar mal.

ACa no se sabe que pasa pero el aire es verde, el anzuelo es de arte, y los peces pican viejo.
Porque hay mucho hambre , en el culo del mundo, de saberse querido, de saberse odiado.
De vivir, de existir.
Hay que descartar lo lindo que no queremos tener. Para generar más lugar en los bolsillos, y así encontrar cosas en el parque que nos rodea, en el pasto de la realidad.
Si vaciamos hasta las encías, podremos encontrar paz. Y quien te dice, alguna cosa más.
Desde Matheu,
Donde la música me salvo el alma, y el rock la vida,
Juan Pablo Manrique

(Jonpol)

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