El Operario Fantasma II (Saturday Morning Joy)
Sábado, horas extra. Saliendo del recóndito lugar de la cama me dirijo hacia la planta. Hoy hay fiesta de fin de año de laburo, claramente, nadie se va a enojar, pero me vine a trabajar un poco. Si yo realizaba parte de mi informe, mi compañero salía más temprano, y había más tiempo para disfrutar de la quinta. El pronóstico, indicaba 45° a la sombra. Bueno, no tanto, no es La Rioja esto. Pero si una buena cantidad. A good amount of heat, diría un gringo de 23 años esperando el 132 en plaza once, mirando de reojo la flora y fauna que lo rodeara.
Tengo frío hambre y sueño. Todavía. Me dirijo hacia la máquina registradora de vicios, expendedora de gaseosas. Dice que no devuelve cambio. Una lástima, me vendría bien. Meto la moneda, y encuentro unas kesitas. Venidas a menos, como la alfano. Sin el queso rayado pegadito arriba. 5 puntos, que se le va a hacer. Me las voy deglutiendo paso a paso y apuntándole al playón me dirijo a visitar a mi amigo ramirez. Se desaparece y aparece cerca de las placas de porcelana de descarte, y trata de leer los carteles de 3 o 4 pallets.
- Buen día maestro -
- Que haces pibe – Responde por inercia.
- Bien, aca, en un rato al asadito de fin de año con los chicos de administración -
- Se paga el asado Gelmindi de nuevo? Ese codito en la vida nos tiró un centro y eso que hace 20 años que trabajamos en la misma empresa, sabes las veces que le di unos mates con galleta a las 3 de la mañana de un domingo para aguantar el frío? Y nunca invita, porque como soy de planta, es un estirado.
No quise contradecirlo. Gelmindi, seguramente ahora jubilado y con 3 nietos, no trabajaba en la empresa hace más tiempo del que algún registro podría ameritar. Se me dio por asustarme por un par de caras raras que ponía. Me quede mirando hacia la salida. Me llego un mensaje de wasap de mi compañero diciéndome que en quince zarpábamos para la quinta.
- Ramirez, le hago una consulta, como venimos con los productos de primera calidad -
- Y mira bien dentro de todo. Calculo que podría ser peor, pero todos los días vienen camiones y los llevan para aduana estos envueltos en plástico rojo (señalando ahora un edificio utilizado de showroom, antiguo depósito inferí). Y todos los días se llevan un montón. Te puedo decir esto con fe porque no me tomo un franco como hace 2 semanas, quiero llegar con las extras para comprarle el sega a mi nieto.
- Que edad tiene?
- Tiene 10. Esta muy pedigüeño, habla de un bicho azul, un tal Soni todo el día, y de otros juegos que tienen los amigos, no se como no se va a jugar a la pelota con ellos. Sale de tardecita a la placita del barrio, pero nosotros antes vivíamos yendo y viniendo. Que tele ni tele, no nos calmaban con nada, queríamos quilombo, lío. Eso sí, siempre con respeto, salvo a la vieja turra que nos pinchaba las pelotas y nos soltaba a los perros cuando las íbamos a buscar. Me acuerdo los cagazos que corrí rajando de esos dogos berreta.
- Yo también, cuando era pibe, antes de tener la playst…. Antes de tener tele, corría para todos lados. Igual nunca fui de quedarme sentado mirando la pantalla mucho tiempo. Esta caro el Sega?
- Y como 100 pesos. Con un sueldo de 400 es mucho, un pedazo. Por eso las horas extra.
- Bueno, me parece bien, a los niños hay que darles todo lo que se pueda. – ya me estaba aburriendo un poco, tal vez, al no querer que se diera cuenta del carácter de su entidad, se tornaba casi normal la charla. Distanciada por 15 años, como minimo. O tal vez un poquito más. Distanciada tal vez por 18 19 años.
- Ramirez, me voy a la fiestacha- Me despedí.
- Tené cuidado con el estirado, a mí me cago, y a vos te va a cagar también si te descuidás.-
(me resonó en la cabeza un clang. Un cling. Ruido. Porqué tanto hincapié en un gerente administrativo con el que habría compartido algunas tardes, porque ese resentimiento).
- No se haga problema batman. Se cuidarme. Que tenga buena semana.
- Saludos pibe. No te olvides de mirarlo a Tato el domingo así el lunes me podes discutir.
Me fui caminando. Como un adicto que acaba de darse un saque, como endurecido y bravucon, mientras veía la imagen del clarkista desaparecer en su propio eje. Porque seguía apareciendo, y sobre todo, porque esa parsimonia cansina. No debería estar atormentado un espíritu giroso?
Al parecer no.
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