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Mostrando entradas de 2016

Las náuseas de no intentar

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Esta navidad es diferente. Todas las fiestas lo son. Algunas tienen una carga emocional propia de un reencuentro, otras de una tradición familiar que aún hoy puede ser cristalizada. La mía será express con los viejos que por suerte los tengo y la abuela. Mucha gente está sola, o mal acompañada, o simplemente las ignora, las odia o no les cambia el sentido de los que les pasa día a día. Mi opinión es que en este momento del año hacer un balance no sirve. La unidad cronológica año, 365 días, no es más que una subdivisión temporal arbitraria en la cual quedamos envueltos por nacer en este tiempo y espacio. Medir los objetivos o resultados de los caminos que tomamos por años es irrelevante, más si no hay punto de partida o línea de llegada. No hay garantías de que podamos decir que fue bueno o malo. Simplemente percepciones si lo que hicimos nos bastó o nos quedamos cortos. Las fechas no tienen que ser un criterio autoevaluativo. Cualquier día que se quiera parar la pelota puede ser ...

El Síndrome del Papel en Blanco (Forcejeando con la inacción)

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Salí del trabajo, extrañándome ya de por si mi increíble voluntad y absoluta locura. Subrayando la capacidad exacta que tuve de lanzarme al vacío sin más garantías que los pactos entre caballeros. La empresa cumplió; yo también. Con la rodilla hinchada por hacerme el delantero exitoso y dejar la rodilla de recuerdo en la cancha de fútbol de open gallo, me subí al avión. No sin antes ponerme a escribir un artículo sobre la Amia. Me había comprometido y me llevé la compu de viaje. La primera noche en Tucumán me la pase haciendo una infografía. Menuda secuencia. Pero buena. Tafí del Valle, las ruinas de los Quilmes, Cafayate, Bodega Las Nubes, La Quebrada de las Conchas,  Salta capital, La casona del Molino, San Lorenzo, Cachi, Cachi Adentro, Cachi, Cachi, Tilcara, Humauaca, Pumamarca y... Iruya. Lo pongo aparte, porque solo quién estuvo de noche ahí sabe que se ponen en juego energías fueguinas únicas. Sombras fantasmales que resguardan la tranquilidad, empanadas fritas y vi...

Los halcones galácticos

LOS HALCONES GALACTICOS E ntré parsimonioso más cojonudo, por la puerta de entrada. Lógicamente. Sería bastante complicado entrar por la puerta de salida. No solo porque el cartel de la puerta desmotivaría al ser humano a contradecirla. Realicé una serie de pasos indómitos hacia la heladera. Diagnosticada por los habitantes del hogar como vacía, se encontraba atiborrada de productos semi-básicos. Esos de los que uno a veces, en la cotidianidad que nos compete, no suele tener a mano en la heladera, liviana pero limpia que posee en su verdadero y actual hogar. Procede a comer el queso por salut, se agarra dos tostis y una latita de medio litro de cerveza. De esas que uno sabe que compran solo las personas que no compran cerveza. Aquellos que compran para algún huésped itinerante. Como su hijo. Me preparé el menú y me vine a sssla computadora. Me senté frente a la pantalla. Porque si te sentás de espalda es un bardo el tema del teclado. No es inalámbrica es una amd viej...

El invierno del mientras tanto (Temores de esperar)

H ay silencio en la parte trasera de mi casa. Estoy congelado esperando que el clima caliente o que los días pasen. No encuentro una forma muy acertada de pedir por favor a la gente y al resto de la población que entienda qué es lo que estoy haciendo hoy. Se piensa que uno debe tratar de acortar la brecha entre el riesgo y la tranquilidad. Piensan que el riesgo que uno asume al saberse con un objetivo puede ser medido o contenido. Piensan que los saltos al vacío se dan cuando uno no crece. Cuando uno es realmente joven. Hace mucho tiempo que vengo incubando un deseo solemne de saltar al remolino del futuro. Y no lo hago porque espero que me empujen. Ojo, no me estoy justificando. Estoy simplemente siendo realista, para poder enfrentar la hoja en blanco hay que estar armado de superpoderes. Una vez que la mano afloja y la tensión se dobla las cosas comienzan a mostrarse amenas o atractivas. Una vez que el alcohol o la sustancia entra en el torrente sanguíneo ese empujón autoinducid...
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Voy a contarles una historia. Yo vengo a San Bernardo desde que nací. En los boliches de acá salía hasta las 7 cuando con 14 años podías estar en la misma pista que gente de 25 y tomabas Rocket Fuel (la botella de 350 cm3) con vodka. Te movías y zarandeabas toda la noche y después caminabas por avenida San Bernardo hasta la playa a ver el amanecer. La mayoría de las veces con amigos o solo, no era un gran levantador (sigo sin serlo) así que rara vez lo compartía con una chica. Las veces que así lo fue quedaron grabadas a fuego adentro. Si sabías las coordenadas correctas ibas al rey del churro que 5 30 ya tenía las primeras partidas de churros rellenos y bañados disponibles para los parroquianos con bajón y capacidad alimentaria adolescente (aproximada a infinito). Era un buen tipo y te junaba. Sabía si eras un pibe de la quincena o si venías siempre. Desayunabas y llegabas tumbado a tu casa a dormir hasta las 3. El abuelo puteaba porque comías recalentado o directamente desayunabas ...