Libertinas, Las Bestias (las vecinas acotan)

Las perversidades del gato Ford eran peculiares. Sombreando la pared se deslizaba bastante cauto y prudente ante la lagaña del perro Maula. Erosionados sus arranques de ira y los dientes aflojados por el tiempo,ya no le generaba el más mínimo temor, antaño la amenaza que solía ser. El control del tiempo ilimitado felino le permitía, con suficiente claridad mezclada con selección natural, atender a los diferentes procesos revolucionarios que su instinto castrado pero no erradicado le dictaba sin ser mordido o dividido visceralmente por el otrora embravecido perro.

Una vuelta eficaz de tuerca hacía que su cabeza colgando se meciera de un lado a otro de la cama, mirando al revés esta curiosa pero categóricamente familiar secuencia. El olor a si mismo mezclado con si mismo le generaba un estado de alerta, inmóvil, tieso, oscuro opaco, solo un trozo de si mismo. Oscuridades adentradas en lo profundo de una cabeza peculiar. De una inmensa atrocidad carnal que es Salir de la Cama un Lunes.

Ponía música que lo animaba. Black Sabbath. National Acrobat, para ser más precisos. No por su milagrosa tesitura instrumental, sino porque la canción comenzaba en un silencio perpetuo de 20 segundos.
Tal vez no fuera así la idea original de la grabación, pero bueno, seamos serios, que no la estaba escuchando de un disco. La encontré así.

Trataba de erguirse y la cabeza le recordaba que su esencia no era de ese estilo de progresión simbólica. Lo que muchos ven como anhelo, como tranquilidad, el tenía la facilidad pero no la sangre y la atracción que eso necesitaría para generar imbatibilidad.

Seamos más sencillos. Una nube de ideas se cruzan por su mente. Y entonces...

El gato Ford sigue apelando a su astucia mientras el perro lo muerde molestandolo, con velocidad intrínseca.

Suena el despertador, 8 de la mañana, Animosidad, primer día de trabajo en la Zona. Festejo elocuente. Inicio de tranquilidad y bienestar económico.

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Sonidos varios cruzados lo convocan a la batalla de cada día. Inercia, obligaciones morales, familiares, hambre comercial y demás móviles que el ser humano logra enhebrar adentro del ojo de una aguja que va usar luego para mutilarase pequeñas porciones de arrogancia y libertad. Como metiéndose a un frasco constantemente y ver como una mano aún más grande lo ajusta.

Los delirios lo obligan a lavarse la cara que protege una cabeza ahuecada por humos de parsimonia. Pesa, pesa mucho, el sueño, el mal descanso, la exposición al veneno que tanto gusta. Sarna que pica pero no ahorca.

Lugares de descansar por pocas horas, pocas emociones, olores grises, gentes y más gentes en el mismo universo paralelo donde las cosas valen de otra manera, otros precios, otros dolores, otras lagunas, otras sábanas.

Sentado frente a otra pantalla, dentro de otra pantalla, haciendo otro número dentro de otro número no puedo dejar de preguntarme en que piensa Ford cada vez que se extiende para tomar otro ovillo de basura que aparenta ser tan pero tán divertido.

Cuando arquea sus patas buscando otra vuelta de tuerca más.

Tratando de escapar a la cotidianidad es como muere el curioso. Despedazándose por mil y una esquinas de su mente pensando una y otra vez, en el que será.

Tratando de escapar del perro fue como el gato se hizo ágil y ahora baila en las noches sabiéndose inmortal dentro de esas cuatro paredes, que son de concreto, humedad, piel y hueso.

Y cuando nadie lo vé, como ahora, que esta en la oficina su aparente titular, el come el durazno que cae del árbol a orillas del río donde alguna vez, vivió sus mejores años, cuando era poeta y no gato ruin.





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