Diario del Refutador del Tiempo (sin demasiada base teorica, por lo consiguiente, generando engaños mínimos)

Hay puentes que cruzan por lo alto.

Al dominio de Urquiza Ortuzar se entra por devoto, por una de sus vertientes y salidas, que lo conectan misteriosamente con el resto de la ciudad capital. Hay un puente sumergido en el asfalto, chorroarin puede leerse todavía en uno de esos letreros nuevos en el año dos mil aguas.

Un paredón y después el laberinto. No hay minotauros de ceramica, solo esquinas en sol. Baldosas en Re.
Quien vive dentro conoce lo que los de afuera ni perciben.
Pero concientes de la esclavitud que generan sus calles, miran agazapados a los que quieren dentrar.

Un hispanismo de ironía. Un gajo arquitectonico fruto de mucho pero mucho fa y sol en la cien.
La luna no brilla, rezonga en un pañuelo lleno de humedad.
Arboles que tapan lentamente la luz corporea de la luna que no brilla, rezonga.

Lentamente vas cayendo en cruz, hacia gandara, o alguna cuyos nombres presas de un embrujo celestial condenan lisa y llanamente a la diversidad ecológica de esa ciudad de aristas.
Dentro de ella viven princesas y drogones. Autos familias casas y tabajos.

Locales, esquinas, policias, ladrones.
Todos, saben el secreto último.
Allí donde una vez los Hombres Sensibles de Flores visitaron la casa de las tetas de devoto,

La venganza fue en Urquiza.
Las piernas, en urquiza.
La busqueda por la felicidad empieza por casa dijeron.

Y así fue.

Pero quienes alguna vez entran por General Paz, hacia Balbin y triunvirato, deberán doblar a su derecha, o a su izquierda, para perderse en la neblina de la belleza eterna de esas avenidas de metros.

Las van a escuchar, sutilmente.
Como un murmullo
Siempre estan recitando entre ellas

Borracheras, besos, abrazos, despedidas.
Sonrisas, lagrimas de azúcar y sal.
Sorpresas.

Como esta que me has de dar. Sonando más allá de la cupula del manto metalico exterior que alumbra la fe de aquel que viaja pero no duerme. Que sueña, pero no siente.

Caminando entre los pastos de barro comienzo a recordar que no todo tiempo pasado fue mejor, sino que es tan lindo recordar ante la proximidad del valor a vivir el presente como aquella vez, donde solo importaba reirse de lo que pasaba ayer, creando ayeres, creando pasados.

Deslumbrandome por el deseo de generar ayeres para mi mañana,
Aquí, quien Supo ser
El Angel Gris

Jonpol

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