El Fantasma de Zelaya y El Loco de la Bachavoladora

No hay nada más esperanzador que el asiento nuevo de una bicicleta. Uno busca, ilimitada e indefinidamente una forma de progresar, y que mejor que andar en 2 ruedas corriente arriba y corriente a destajo. Le compré el asiento a Sergio, arreglatuti devenido en bicicletero profesional, a cambio de una promesa de pago. Digamos que los padres de nuestros mejores amigos son algo así como tíos, ese vínculo existe. Uno siempre tiene un afecto muy especial por aquellos que cuidan y quieren a quienes nosotros cuidamos y queremos. El asiento es negro, precioso, cómodo para las partes traseras (sin duda, la base de una buena bicicleta es que no te destruya nada más que el vició de estar inmovil y parado)

Tome mi volante, mi manubrio, mis anteojos, y me lancé hacia esa ruta que todos conocen pero que nunca había visto. Se hizo de noche, se hizo de día, el sol abrazaba, el sol no me tocaba. No había autos, muchísimo transito. Mi relajación pasaba por el espíritu, mi tensión por el contacto. Mis dotes de boxeador de ramas, de palancas, de candelabros llenos de plata y oro. Y los caminos se cruzan, entre el blanco de la noche y el negro del día.

Eso es zelaya, dicen los infieles. Eso es Zelaya, los adoradores de leyendas drásticas encaramadas y agotadas en un vaiven emocional. Eso es Zelaya, dicen los que no tienen el pulso o impulso de espía de malabares, de italiano, español, o tucumano sin corazón. Yo los trato de convencer que estoy adentrandome a tierras infertiles y desconocidas, a verdes que no son verdes, a estacas, a palas, a fundas desenfundadas. Pero no, nadie me cree. Nadie me escucha. Simplemente me tienen de nieto, me hacen bailar, y no entienden que estoy perdido en este espacio de aire y agua. Nadie me conoce.

Me adentré en Zelaya, un día hermoso, soleado, perfecto para redecorar. Mi rodado me acompaño, por las ondulaciones de un terreno, de espaldas, de costado, y sin espejos ni espectros. Paro, pregunto, compro y prosigo. Hay una industria oculta detrás de aquellos que corremos, detrás de aquellos que alguna vez volamos. Hay una industria oculta detrá mío. Segui pedaleando, mientras a mis lados todo era perfecto. Que bueno esos días cuando tus canones de exigencia no pasan mas allá de lo que te mueve el pecho y alivia la conciencia.

Corro, rapteo, me elevo y me entusiasmo, mi liviana idea de subsistir. Me han abandonado, me han disecado, me han relegado, y en este plano, todo es físico, corporeo, mesurable, desmedido. Todo es tan vomitable. Me suelto los pelos y me reflejo. Puedo ocultarme en las sombras y causar mucho, pero mucho malestar. Hoy no es mi día. Mañana tampoco. Debo explotarme y explotarlo a este maldito sol que ilumina mi noche.

Encuentro la capilla, salgo, me hago un lugarcito me siento, me remango, saco mi sanguche y masco. Mirando a una encrucijada. Mirando a muchos caminos, muchos trayectos. Muchas sombras y muchos sueños. Pero hoy solo tengo ganas de contemplar. Tengo ganas de mirar de reojo. No mucho más.

Hay un extraño sentado, mirándome fijo, ni me puede distinguir, estos estupidos de carne y hueso no se preocupan por más nada que su propia arquitectura, sin fijarse en las bases, sin llegar a empezar a poder comprender lo que es tener una conciencia y que ese sea tu organismo. Tener hambre que no podes medir en horas, tener sed y que los líquidos sean más que espejismos baldíos. Amar y no saber que significa. Querer, y no sentirlo en carne, por no tenerla. 

Una extraña brisa se acerca hacia mi. Parece reprocharme algo, como esos vientos con pequeñas particulas de espíritu humano perdido en tiempo y espacio. Choca y penetra mi cara y mi alma. Y me invade esa tristeza ejemplar, de aquellos que militan por no sonreir. De aquellos que luchan cara a cara con el destino y entregan las armas antes de presentar batalla. Me entra a jugar en mis pantalones, toda la miseria e imperfección que a los humanos nos hace mas de carne, menos de hueso. 

He sido invadido por un humano extraño que extraña ser humano.

Porque no siento dolor y odio hacia este envase. Porque siento paz y rock Porque siento felicidad. Porque siento armonía. Yo se que si escarbo encuentro agujeros de tormenta, displicencia, karmas, horribles noticias.
Pánicos. Una avalancha de inseguridades. Pero hay algo que no me deja pasar. Puedo quedarme rondando este ente, pero será cuestión de esperar el momento justo para tomar parte de sus adentros y expulsarme de esta vigilia sin despertar.

Y lo peor, es que esta pequeña angustia, se piensa, que por más que pincha y corta, me va a lastimar. Pobre de ella. Aca sentado, mirando ese arbolito, escuchando aquel pajarito, me puedo pasar la vida. No es lo que todo lo que quiero. Pero me puedo pasar la vida respirando el aire del campo.

¿Y ahora que hago?

Como llevado por un hilo conductor de platino, tire la basura en el tachito, me auto-bendije la estampita de San Expedito (me agarro un ataque de religioso multicolor) y aproveche las bajas y las subidas para pedalear menos. Y mientras volvía pensaba que no estoy en desacuerdo en albergar en mis adentros a un ser oscuro y triste. Soy un tipo alegre, capaz que hasta le hago un favor.

Que idiota. Se piensa que puede conmigo, yo que he estado vagando por estas tierras desde tiempos inmemoriables, gozando con las inclemencias de los desamores, destruyendo sonrisas por el odio que me da la felicidad con tan poco, yo, la angustia, el miedo, la muerte, donde pongo mi aura, pongo mi modo y mis rayes...Yo...la austeridad de sonrisas. Yo, la destrucción imperial. Yo, la...che que lindo día que hace...

Telefono. 
"Che, estas en tu casa, hacemos unos mates?"
"En media llego"
"Abrazo"

Si, puedo vivir la vida vida así.
Definitivamente.

Juampi

Comentarios

Anónimo ha dicho que…
Juan, debo decir que me quede admirada por la forma en que escribes. Esas contradicciones, meditaciones intrinsecas y las vueltas y giros de tu relato, junto con la belleza profunda de recrear un paisaje y un acto que por ser comunes los manifiestas de forma tan elegante y con profundidad intensa que parecen ser vividos en tiempo y forma, lo hacen sumamente rico.

Abrazo

Andrea

Entradas populares de este blog

Anaksunamun (o como, hasta a "la momia", con todos sus poderes, le metieron las guampas)

Onomatopeya de sonido glutural emitido con el esofago con rudimentaría bronca (o también "Mmmmmmmmmrrrrrrrr")

Carta para un amanecer (leela cuando puedas)