La Persecución Nostálgica de las Musas ("Amusilidad", el concepto)

Las mesetas transmiten una sensación de paz. No de armonía, ni de balance, sino de paz. Es conocida la acepción por la cual dicho contexto lleva indefectiblemente de la motivación hacia la construcción. La antesala del progreso, humano, personal, irradiador, es sin duda, ausencia de guerra. Internas, celestes, o verdes, quien sabe.

Pero hay una cuota de hipocresía y omisión que omito tributar. No doy cuenta, por preconceptos machistas, por ilusiones ópticas, o porque simplemente, me revelan endeble, y tal vez no encasillable en la mirada profunda que puedo o no tener de un hecho o acontecimiento en mi vida cotidiana.

A lo largo de las últimas semanas esgrimí por lo menos 5 borradores, motivados por emoción violenta, buscando mover un poco la piñata. Pero ninguno de ellos tomo el curso lógico del papel con letra influida por los pozos de guardia vieja y medrano, a un documento decente de Word.

Todos ellos tenían un hilo conductor común. Un esqueleto. Una columna vertiginosa pero sólida. La autocrítica hacia un estado de imposibilidad de creación producto de la falta de musa, la “amusilidad”.

Dándole paso a la autocrítica y a la revisión, muy necesaria aunque poco funcional al orgullo y a la búsqueda de nortes místicos, “…como cierta idiosincrasia austera y práctica, sonaron los tambores de guerrilla, y de antemano, avanzan con elefantes, los raros estereotipos de la abstracción. Alaridos en la noche de primavera, esa, que rara vez al año sentimos. La que respiramos la onda humedad perfumada de azaleas erráticas, o damas de noche escondidas tras un baldío mal barajado. Como una fantasmagórica flor poco autóctona. El aeroplano que fumiga estas tierras funciona por decencia, por sentimentalismo, y más que nada, porque quiere…”

Las dudas sobre mi calidad, me surgen a diario. Escribo por sentimiento, en busca de un aplauso, o para impresionar. Para disipar mi angustia poco vigente, o fiel a mi pulsión de cristalizar , corporeizar un sentimiento.

“…Producir una reacción, subliminar, impredecible, impráctica, química, física o mental. No supurar palabras, frases detalles o descripciones, me conocí bohemio pero me veo finalista…Escribo “para”. Lógico, patético, pero real. Escribo Para. Marca registrada de mi actuar, propio de un brujo blanco adicto al ajedrez (donde el rey es mi alegría, y el alfil sus consecuencias)…”

Omito líneas, como quien no quiere la cosa, reveo y critico el borrador que tanto valoré pocos días atrás. Reniego de mi pasado, de mis elecciones y de mis sentimientos, por eso miro con tanto asco estas líneas escritas por un bufón imitador de mi persona. Yo mismo, nada menos. Desaparecí, secuestre, renglones de ira hacia mi (porque ya no los siento) así como indirectas con nombre de destinataria.

Algunas otras, las considero.

“…Tomé todos los colectivos que me llevan a olvidarte, bebí de muchos fondos para no querer auto convencerme, patee muchos felpudos y repudie miles de puertas. Blasfemé irreproduciblemente, encriptado en morenas sospechosas… Hay personas, sin duda alguna, que son un viaje de ida. Tomás el envión, tiran los talones, la memoria muscular te recuerda que así, nunca te elongaste. Así nunca corriste. Así nunca te esmeraste. Nunca hiciste algo tan grande y respetable, en vías de un fin tan noble como era tenerte desnuda al lado mío. Como mirarte desde adentro tuyo. Tarea inverosímil para este plano de realidad en dos dimensiones en el que vivimos, del cual yo intento escapar diariamente para no caer en la comparsa del olvido…”

“… Tomás el envión y te arrojas, con tus atributos errantes, con las hormonas por los aires, y el pecho en una canasta, sin formol, sin frasco pero entre algodones… No es vinculante, no es una obligación, no es equitativo ni justo. No es ni putamente rentable. Pero es mi motor creativo hoy por hoy. No te creas que estas líneas las produjo tu grandeza. No te creas que no es otro que yo el que escribe. Será con dedicatoria, pero es mi artesanía. No es natural. Es artificial. Craft. Hecho a mano…”

(NOTA: dejo de poner puntos suspensivos y comillas porque luego del parto que es aceptar un escrito poblado con sentimientos no momentáneos, nos queda la vida de un texto mixto, mitad de identidad, mitad de guión. Mitad de respeto y mitad de lagrimón)

Trato de orientarme hacia las rutas del yugo anestésico. Y no profundizo. Si así lo hiciera, tomaría un cascote y, con el ventanal más caro de la comisaría de los sueños, me haría una brocheta de cristales, para ser encerrado en un pululante calabozo y condenado a una vaga muerte del lado vanidoso que esgrimo en mi interior, dejado vacante el cetro y trono de rey de las emociones fuertes.

Abdicaría de toda mi irrealidad solo por haber tenido el mínimo respeto de no respetar tus distancias, y tus motivos, varios o pocos. Me puedo mentir una y otra vez pero la verdad es que aún en esta reprimenda a mis móviles literarios, mi esquizofrenia me pide a gritos que te salude. Mi narcisismo me jura que me vas a leer, que me estás leyendo. Mi realismo se despreocupa. Pero como bien se sabe, no soy un fanático de la realidad.

Y me pongo de acuerdo que quieren darme en la entrecejo del corazón, Balbuceándole a un ancho falso, pero en tercera, cotizando en bolsa. Nunca fui un as de las mentiras, ni un ladrón de besos, mucho menos, un puritano moralista. Hasta me encuentro algo hipócrita, e hipocondríaco.

Y aun así, aquí y ahora (allí y entonces, para el caso) en medio de este (aquel) rapto de cultura, en un día más, mi motor a base de inferencias y recuerdos, contundentes y con equidad (o entidad, no leo bien).

Extensos como culebrón de radioteatro, carnosamente profundo y arraigado, como seminare, bajo la lluvia. Por la esperanza, del retorno. Por la esperanza. Solamente por la Esperanza.

Atado en mi órbita celeste, con gruesas cuerdas de decisiones, hoy reprochables, ayer ideales.

Y te meas de risa; o llorás bajito, o me extrañas. O ni eso. Como si fueras una obra biológica compuesta en inglés, informal, slang, pero del siglo XVII. Escrita, eso sí, en una colonia del sur. Latina, hipócrita, estirada, rehusada a valorarse, pero como un durazno maduro, fresco y extremo.

- Y no puedo parar de agregar párrafos, de rever huecos omitidos, de buscarle coherencia a un equilibrio ilógico entre lo que siento, lo que quiero sentir, lo que me duele y lo que me quiere doler. Un coctel de odio a mi memoria por darte lugar, dos medidas de exageración por considerarte. Tres gajos de aguardiente sobre una herida abierta, desinfectada pero presente. Que no la contemple todo el tiempo no quita que no me hagan falta cientos de puntos de sutura en los lugares del pensamiento menos pensado. Pero en paz con ello.

La cuestión, hace a la causa.

Y mi causa, en algunas tardes, se vuelve mirar al vacío, esperando la llegada de algún peregrino gris, medio profeta, medio borracho, medio linyera y bastante efusivo, que me explique porque tanto. Porque te extraño si nunca, nunca te di un beso. Porque te extraño si nunca, nunca te di un abrazo. Porque te extraño, si…si nunca.

Como los mates se hacen largos, las noches traen al día, y los pajaros ya me cantan ronco, me levanto con mal genio, miro a los yuyos, y entre fragmentos de posibles vidas felices, sostengo una máxima.

“…Spinetta. Hacete coger…” (Como diría Borges)

- Nota a la tercera edición: Si bien al autor le hubiese encantado lo antes descripto, las circunstancias de la vida (entiéndase arranques de histeria monárquica, señales claramente difusas, actitudes consideradas en la real academia española como “de Mierda”; a su vez admite borracheras temerosas y vergonzosas, lentitudes extremas y miedo al éxito emocional) han llevado a los sucesos a darse de forma imprevista y poco agradable para el sujeto antes citado.

Cordialmente, el heraldo del optimismo en bancarrota, pero comprometido en la tarea, a largo plazo, de que el amor, es el único camino. Ruta errante, con baches, con muchos paradores con parrilla, sonrisas y alegría, que en algún punto nos llevarán al destino que todos queremos.

O mejor dicho.

Que algún día, me llevará a mi ciudad, chiquitita, poco poblada, con hermosos paisajes, con lindas vistas. Con historias que me lleven a pensar de a poco en todos los planes para la versión acústica de una historia que va tomando forma. Y no me quita el sueño decirte sin remordimiento, ni por temor a mostrarme como soy, que me hubiera gustado que seas protagonista en ella.

JPGMDL (Yo, si…yo)

Comentarios

Anónimo ha dicho que…
El deambular por cada vagon de ese tren de donde el maquinista se arroje sin siquiera echaerlo a andar, o el sentimiento siempre resentido del vagabundo que ella dejo durmiendo en cada uno de esos vagones, o la sombra que el pasado dibuje sobre cada sol naciente, o los frutos o las hojas secas que dejen caer los árboles que crezcan a partir de su semilla, o quizas la corriente cálida que moje la madera de tu cama alguna y te despierte alguna noche de tanta resaca te hagan entender el porque de cada una de las palabra que emitis en la ruta que te conduce al superyo freudiana. O capaz lo descifres en el medio entre Fernet Antoniutti (4/7) y un juguito loco.
Jonpol ha dicho que…
Voto por el juguito loco....tiene menos consecuencias! jaja

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