Desvaríos (en el Séptimo día)
Ubicado a 90 grados del piso, medio metro más arriba, se encontraba mirando de reojo a una pantalla que titilaba indiscriminadamente. Gramos de polvo esparcidos por el piso, una casa a medio arreglar y a tres cuartos limpiar, ordena sus ideas en un mar de intuición.
Reacio a beber agua salada, intenta por diversos medios compensar la desazón que siempre es punzante a la hora de abordar un objetivo. Una semana. Parpadea una o dos veces mientras afuera la noche comienza a relampaguear. Escucha unas palmas y se asoma para ver a una mujer de rosa que se encuentra paseando por la calle haciendo ruiditos con las piedras. Perro de marca económica, y demás atuendos. Se escuchan los gritos de los grillos o las cigarras, mientras el ventilador que te pega de lleno en la cara anuncia brevemente que ha llegado el momento de la verdad.
Levantarse o permanecer acostado. Demasiada decisión para tanto relax. Un poco aturdido por sus métodos de introspección y paz, imita con su respiración a un perro con las patas cruzadas bajo su trompa. Espera pero no tanto.
Toma unos mates, engaña al estomago, no por falta de comida o dinero sino por la falta de voluntad dominical. Hay tanto por hacer y se hace tan difícil empezar. Por eso el lunes es la excusa cronológica para darle inicio a cualquier proceso. Está algo carente de explicaciones la movida cultural que hoy enarbola.
Navega un rato, duda entre una película, un libro o un prepizza de muzaraña. O un combo. O limpiar.
Algo aburrido pero permanece en la misma posición, alentando al concepto de que loco es quien hace las mismas cosas intentando obtener distintos resultados. Pero, por lógica, reafirma su concepto y su integridad.
Podría seguir describiendo esto por me estoy quedando sin sinónimos y no quiero comenzar a utilizar nuevamente el recurso de la negación. Suele ser tedioso y cansino, y hoy no lo veo como salida factible de esta situación. Algo golpeado por los roedores que le comen la cara, el ambiente se encuentra lisiado, limitado, apagado. Pero posee la voluntad de prender la luz y quitar las telarañas. Aunque prefiere escribir sobre ello y no hacerlo. Prefiere planearlo, y no ejecutarlo. Mente recortada, algo vaga y muy flotante.
Se siente mejor, porque pudo plasmar su lisergia en un word descolorido, pero al fin y al cabo, para eso existe. Confluye en repeticiones, o mejor dicho, con el uso de un molde o plantilla. Se pone de la nuca con los delirios pero no los cristaliza de día. Le tiene miedo, al que pasara. Avanza, no se puede negar, pero siempre reparando en cuidar una máquina que esta ajada pero no por el abuso sino por el desuso. Posee el recurso.
Pero hoy es domingo.
Y no puede activar.
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