El saber no ocupa espacio (lo mismo decían de los discos de vinilo y ahi lo ves)
Conoci una vez una colección de discos de vinilos sin reproductor apropiado. En la casa de mi abuela, la habitación más comoda era un escritorio que se había armado un tío mio, que el mayor se lo sopleteo como cuarto, cuando venía a capital. No era algo despampanante, sin embargo, tenía su distintivo. Esa biblioteca, ademas de muchos libros y enciclopedias y entradas a recitales (david lebón en el '82, una de las mas atrayentes sin duda) tenía cientos de discos de vinilo. Yo jugaba a ver como estaban ordenados y ver si conocía las canciones, tocarlos, mirarlos por dentro. Nunca reproducirlos. Siempre los tenía así como arraigados, tomados de la mano como si se tratara de una especie de correa que me ataba a lo más profundo de la paz, de la soledad bien entendida, de ese momento de estar con uno mismo. Me vanagloriaba de conocer todos y cada uno de los discos de seru, mirando fijamente la tapa de la grasa de las capitales, veanla porque es como una revista gente de esa epoca pero con una disopilancia infernal.
Sui Generis Vida. Un libraco rojo oscuro y blanco pastel en las letras. Y ellos dos, los monstruos, fumandose un pucho sentados en la calle.
Les chupaba todo tanto un huevo.
Vivir así, algunos dicen que es matar el tiempo a lo bobo, otros, algunos, escuchan paloma.
Otras veces, miraba quietecito todo el cuarto y los discos y ese olor a encierro musical. A torpedos de música y colores.
A una explosión sideral por todos los lados habidos y por haber.
La música nos trae aparejado ese significado absurdo visceral que tenemos adentro, nos lleva de viaje. A emociones. No a lugares. Que en ciertos lugares hayas vivido esas emociones no es culpa de la música. Es decisión pura y exclusivamente tuya de asignarle un espacio geográfico determinado a todas las gansadas románticas que vivís eh. A mi no me quieras meter el perro. Asi que, cuidadito eh! No te pases al patio.
Queda frente a mis ojos un lapsus esperanzador. La locura es compartida, por la fuerza. Por las buenas, y si no querés, vas a beber rock hasta por las malas.
Atiborrarse de cultura, no es un armario, no es un espacio menor de una microcabineta abajo del sillón del living.
Para mi, meterse en la cultura hasta el cuello es el maldito acto de disfrute y egoísta más grande y placentero que existe después de lo que ya todos sabemos que sentimos y queremos que es.
De a poco, como macerandola, la música te llena el alma y te hace despegar. Y ahora, tu cuarto es el aire, y tu piso es el cielo.
Y el cielo, es de aire.
Sui Generis Vida. Un libraco rojo oscuro y blanco pastel en las letras. Y ellos dos, los monstruos, fumandose un pucho sentados en la calle.
Les chupaba todo tanto un huevo.
Vivir así, algunos dicen que es matar el tiempo a lo bobo, otros, algunos, escuchan paloma.
Otras veces, miraba quietecito todo el cuarto y los discos y ese olor a encierro musical. A torpedos de música y colores.
A una explosión sideral por todos los lados habidos y por haber.
La música nos trae aparejado ese significado absurdo visceral que tenemos adentro, nos lleva de viaje. A emociones. No a lugares. Que en ciertos lugares hayas vivido esas emociones no es culpa de la música. Es decisión pura y exclusivamente tuya de asignarle un espacio geográfico determinado a todas las gansadas románticas que vivís eh. A mi no me quieras meter el perro. Asi que, cuidadito eh! No te pases al patio.
Queda frente a mis ojos un lapsus esperanzador. La locura es compartida, por la fuerza. Por las buenas, y si no querés, vas a beber rock hasta por las malas.
Atiborrarse de cultura, no es un armario, no es un espacio menor de una microcabineta abajo del sillón del living.
Para mi, meterse en la cultura hasta el cuello es el maldito acto de disfrute y egoísta más grande y placentero que existe después de lo que ya todos sabemos que sentimos y queremos que es.
De a poco, como macerandola, la música te llena el alma y te hace despegar. Y ahora, tu cuarto es el aire, y tu piso es el cielo.
Y el cielo, es de aire.
Comentarios