El norte del oeste (kia wong jio)

Llegue temprano, con el sol ya rendido a mis pies. No porque fuera yo alguien especial, sino porque los ultimos dias del año suelen ser de flojera. Es decir, ni la lluvia, ni el mas de los reconditos pensamientos esta bien predispuesto. Todo se maneja en mi menor. Y el olor a nuevo ya nos asqueó. 

Hay un gordo malo sentado al lado, que increpa a su hijo a los gritos que le falta actitud, que la patada no fue tan alta, comenta y compara grotescamente con la gente que lo acompaña el poco valor del cinturon azul punta roja que alcanzara su pibe. Indignante. Pero no tanto. No suele ser tan raro en cualquier deporte ver la cobardÎa engrasada con facturas y fracasos. No es tan raro de ver, y sin embargo cada vez enferma mas. Podes llegar a oler el destino de ese joven con respecto a la competencia, o rezar por un gran impulso de voluntad y de parsimonia superadora para trascender a este constante contra estimulo. A mi me paso pero no con malicia. Mi viejo siempre fue técnico mio de la primaria, y yo siempre fui de cartón corrugado. O al arco o suplente. Pero dejaba absolutamente todo en la cancha. En Tae-kwondo me pasaba lo mismo, sobre todo haciendo forma. No era el mas vistoso. Ni el mas recto. Pero actitud marcial me sobraba. Me sobra. Y amen de este atributo, nunca me sentí agredido por mi padre. Al contrario, siempre fue apoyo y embravecimiento. Su poca paciencia con lo tibio lo ponía en una situación de o callar o mandarme para adelante a la guerra guarani en bolas y sin ojos. Una actitud loable pero poco trocable por dinero.Para algo siempre sirve. Como por ejemplo, para ese instante en el que el miedo te saca el pecho y se lo lleva a una cueva oscura. o para el momento que todo empieza a derrumbarse, o en el que alguien quiere derrocar nuestra autodeterminación.

En esos momentos, dan ganas de buscar en la memoria. Hay hambre de motivaciones. Hay famelia de arengas.

Luego de que terminó la clase pude recordar que nunca me incomodó la presencia de papá. Más aún, pude ver, entre nubes y e imagenes quemados por la vida en lado a y lado b, la bandera del apoyo, de ir contra los contrarios, de no importar si ganaba o no, de cuando salí tercero en natación y me llevó a ver el Día de la Independencia. 

Si alguna vez, por la vereda de enfrente, cuando sean padres, ven un acto de abuso semejante, rompanle la cara, pero no con las manos, con la mirada, con la palabra, con un gesto. Con un decirle al nene "no dejes que te diga eso, no puede decirte eso". Puede ser traumático pero así se aprende la lección.

Uno de los pilares de este arte marcial que siento parte mía, y que me lástimo así como fortaleció en tantos sentidos que solo con conocerme desde los 9 años alguien puede llegar a entenderlo, es compartido (o tomado) del Tao.

Dice así:

"El que domina a los otros, es fuerte. El que se domina a sí mismo, es Poderoso". - Lao Tse

No voy a tomar una posición radical, simplemente me gustaría acotar que estar en el medio, escuchar y ser escuchado, leer y ser leído, es un camino lento y casi normal, pero necesario para transmitir en la radio oculta, la fm que solo escuchamos algunos muñecos perdidos en la oscuridad del día y en la tibia luz que dora el alma de la noche. Respirar al revés, dormir al revés, ver lo que los otros no ven, es una adicción, con dos gramos de putrefacción y algo de degenerado.

Pero la pelota no se mancha.

Juan Pablo Manrique
(Jonpol)


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