Anclando estaba la Gazangandanga (parodia popular sobre como el hombre encuentra la paz interior mediante el quilombo)
Soy el hombre de las mil y un insignias. El que le pone
iniciales a todo. Cada palabra, cada gesto debe perdurar en la eternidad de la memoria
de una persona. No puede ser nacer crecer y morir. Debe trascender. Será que un
discurso allá por el 2004 de un profesor que dijo hagan temblar el universo se convirtió
en el fin y no en el efecto mariposa que debía tener un camino de crecimiento.
Ya van 8 años de esta misión al marte de las aguas termales de la razón. Compro
pago y cambio todo lo que toco por ansiedad de que se esfume en un abrir y
cerrar de ojos esta luna que me sigue detrás. Pero no para huir ni temerle en
la oscuridad, sino para nuevamente correrla barranca abajo por gaona, escapando
de la muerte de la vida que es la vida de la muerte. Carpiendole a los juegos
de palabras que tanto nos gustan y a los dones que donamos en la biblia o en la
misa. Nunca escribo sin musa, es una polleriada intelecutal. O una pollería que
no vende plumas.
Las vaquitas son propias, pero las imaginarias. Las reales
las comemos y comemos por no fumar y mirando al horizonte decimos “mi tesoro,
mi tesoro” buscando un anillo que nos haga invisibles los ojos de los débiles pero próximos a las
miradas incendiadas de los poderosos. Y es una lucha de clases. De clases de
gusto de helado, de clases de besos, de clases de “si” y clases de “no”. Todo
es una lucha de clases, menos la que debaten el pobre y el pobre. El rico? No
pelea, muchachos, por algo es rico.
Solo sueño con ganas, solo y sin tu calma. Que grande, esa
la escribí yo, porque cuando me canse de hacerme la paja mental con las minitas
que no valen un peso me puse a hacer música a ver si me levantaba alguna minita
que valiera dos. Y tampoco che, parece que mejor me dedico a no tratar de
levantarme a nadie.
Se esta yendo la concentración y la separación de la mente
con el cuerpo que me llamo a anclarme en un texto demente para poder bajar de a
poquito. Tengo la compu, la guitarra y el modem todo en la cama. Y duermo así,
conectado con el mundo, con el arte, y con la birra y el faso, con la banda de
laferrer.
Vivo así, al palo, al mango, tocando un blues en mi cabeza y
bailando con los pies. No fumando de la mala, tomando de la buena (bebida) y
respirando atardeceres verdes como la palma de mi mano cuando la gitana que
leía me dijo “boludo, no entiendo el idoma de tus líneas”
Yo le dije “no lo intentes, ni lo sueñes, yo una vez me
quise leer y lo único que encontré fue una gran excusa tras otra, una cebolla
en capas con corazón de hojalata y atún. Un maremandun de odio reciclado por
amor al amor, que sale de vez en cuando, domina la función para volver a su
tumba de san pantaleon”
Yo no leo tus señales, yo no miro tus destrezas.
Lo único que digo, nena, dormi en tetas.
Juan Pablo G. Manrique
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