Pases, abonos y boletos (Estación 0) - Introducción
Oigo las cosas de un modo lejano. Como si estuviera adentro de un vaso. No se si es dolor o una dureza impropia lo que siento. Me toco la panza y está la perforación. No puedo parar de pensar. Como esa noche cuando murió el tío. Trataba de dormirme y mi cabeza me daba vueltas y me llenaba de imágenes que no eran mías. Momentos que eran de otro.
- Está mirando fijo sargento - dijo el policía.
Me esta costando más respirar. No puedo moverme más. Se agotan las ideas. No se que hacer. No puedo más no me puedo parar no puedo sentir. Nada. Que estará pensando mi viejo en este momento de mi, estará asustado, y mi vieja, donde...que.

- Está mirando fijo sargento - dijo el policía.
- Llamá a la ambulancia igual - contestó el superior.
Hay dos hombres mirándome fijo, no se quienes son, ni porque no me dejan tranquilo. No me acuerdo como llegué acá, pero si de la noche que murió... alguien había muerto, no me acuerdo quien. Era el hermano de...No, no era el hermano de quien?
- Se movió! -
- Abrile paso a los camilleros pibe - fue la orden.
Lo ataron a la camilla y lo fajaron para que no perdiera más sangre. Estaba violeta o blanco. Sus colores erán uno y era feo. Las luces del aparato. Que era eso.
- Está entrando en shock, se nos vá. Dame más adrenalina -
- No la veo bien, vamos a tratar de que llegue. ¿Me escucha señor?-
-Hola-
-¿Me estan hablando a mi no?
- Ellos sí, yo también. Pero no pueden oirme. Soy tu chancho.
- ¿Chancho?
- Si, es una metáfora fácil para que te acuerdes. Libre asociación de ideas y una punzada en el acervo de conocimiento. Soy el que controla el boleto. A mi me tenés que decir a donde vamos.
- A casa.
- ¿Cuando?
- Ahora
- No "cuando" de futuro. "Cuando" de pasado. ¿Que año?
- 1992. El día de reyes magos
- Ahi me gustó más.
- Ahi la veo a mi vieja dejándome los muñequitos de los halcones galácticos y esa pistola de juguete rara. Me acuerdo que me levanté temprano, abrí los regalos y me volví a acostar.
- Si querés, podes arrancar desde acá.
- No. Dejá. Vamos más adelante. Es gratis total. a 2005, algún lunes, entre marzo y noviembre. Después de la escuela y antes de ir a gimnasia.
- Querías ponerla antes de irte
- No ponerla, mirarla. Salíamos de la escuela y nos veníamos para casa. Después volvíamos. En esa época era lo más lindo del universo. ¿Irme a donde?
- Un tipo con recurso simbólico como vos sabe de que hablo.
- ¿No safo?
- No.
- ¿Y los que quedan?
- A vos que te importa, no te vas a acordar.
- Si que me importa. Voy a sufrir por ellos. Ellos van a sufrir por mi.
- Si.
- ¿Como "si" hijo de puta? ¿Como "si" la re puta que te parió? Llevame a casa ahora, no antes. Ahora.
- No
- ¿Que queres?
- Hacer mi trabajo
- ¿Vos sos...?
- Yo no soy. Justamente eso. Por ende, no quiero nada.
- Me está doliendo de nuevo. Estoy en una ambulancia. Yendo al hospital. Te dije que me llevés a casa.
- Señor sufrió heridas graves, recuéstese. ¿Recuerda con qué se las hizo?
- Si, estaba agarrando los muñecos de los halcones galácticos y me caí en la cama y creo que me clavé esto.
- Sabes que no fue eso. Vamos.
- Pero estoy yendo al hospital dejame tranquilo. O a casa o nada.
- ¿Querés nada?, la gente es tan demandante. Dale. Te voy a dar nada.
Se abrieron las puertas de la ambulancia. Nadie corría. Esa falta de trajín era un signo negativo. 3 minutos antes se había dado la hora de defunción. Herida punzante. 3 cortes. Bajo abdomen.
En el auto había dos paramédicos y el difunto. Se bajaron del auto. Extrajeron el cuerpo y cada uno por su lado. La ambulancia estacionó. El conductor se bajó y se fué.
El "chancho" esperó un rato, y se escabulló por la cerradura de la puerta. El vaho de sombra que era no lo dejaba elegir ropa clara y de colores. Siempre vistiéndose así, de prendas oscuras, opacas, gastadas. Paró en el kiosco y pidió 20 atados de puchos. Se los guardó en un morral y salió caminando, mientras el que atendía sonreía con la mirada del cantinero al enfermo de cirrosis que es la cuarta vez en la semana que ve entrar por la puerta.
"Gente de mierda, uno quiere que pasen sus últimos momentos bien y estos te forrean. No se dan cuenta, no tienen la sensibilidad necesaria para aceptar lo ineludible y encima uno que lo hace gratis, que los lleva a que vean a los suyos se come las puteadas".
Había sido intolerante tal vez con el muchacho. Pero llega un punto en el que la misma tarea aburre. Pero esa necesidad intrínseca que te generan tus jefes psicopateandote de que sos el mejor en lo que haces, a veces tira. Y a veces te define.
Hay veces que la gente se preocupa porque tiene hambre. O frío. O tristeza. O soledad. O dolor.
El se molestaba porque no estaba de acuerdo con ese atributo que toda la humanidad le envidiaba.
El se trataba mal porque no era. Y al no ser, no podía morir. Porque lo que no nace, no muere. Y el "chancho", Oscar para nosotros, no había nacido. Nunca, había nacido.
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