Pulsión de permanecer sentado (Historias mínimas de un día de reposo)

Tomando un te salado miraba fijo la pantalla mientras el ambiente congelado del exterior parecía carecer de presupuesto para cambiar de escenografía. Grabada en slow motion, la jornada había sido poco fructífera. Nada más que sueño extendido, un desayuno liviano propio de su estado de intoxicación, y una alta dosis de sonic youth mientras esperaba el día posterior. Se puso melancólico y deseó que todos sus días tuvieran un poco de ello, un poco de aquello, para poder escribir todo el tiempo y sin tapujos. No entró en la planicie de negatividad porque, como es bien sabido, todo querer puede llegar a encausarse para un buen cuadrante del mapa galáctico de la rutina.

Escudriñando la antena de radio de su auto, única máquina con vida que conocía, pensó en como sería una vida así, desayunando en casa, escribiendo para unos pocos, pensando, investigando, descubriendo y relatando. Se sometía al mismo cuestionario una y otra vez...sería esta la hora de la verdad para tomar las riendas de una carreta con caballos ciegos y rabiosos...o simplemente era un plazo de gracia que todos vivieron antes de tomar la decisión más segura, el salto con paracaídas.

A veces se solicita un cuarto intermedio cuando las palabras en vez de fluir gritan, y se pone a reacondicionar los canales de comunicación con música lubricante, como un pianito de jazz de esos de hace 50 años que hacían magia en los dedos de un negro. Si, de un negro de esos que le importaba un bledo tener que rendirle cuentas al appartheid de turno. Y esa sonoria lo relaja y ubica en tiempo y espacio, resguardándolo de los pensamientos extraterrestres que la mente del hombre y la mujer escupen cada vez que escuchan demasiado al lado oscuro de la luna de seso.

Empujando para adelante es como se llega ciertas estados. De las manadas de avestruces enojadas uno puede obtener una carga de caballería. Y de las ideas bien mimadas el puede sintetizar una dosis de liquido azulino. Así como un cóctel mortal (si no es preparado por un profesional del autoflagelamiento), con las manos rasgadas de rascarse la nuca intentando sacar el polvo que hacía que peter pan vuele y no envejezca, el barman le prepara un batido de aire con buenas intuiciones. Nadie se va para arriba, porque la gravedad, como la locura, solamente necesita un empujón para llevarnos a un universo de artes oscuras y dramáticas. A veces simplemente con un deseo apócrifo estamos. A veces, con un tema más.

Es propio del hombre temer lo que no conoce, por ende, su futuro. Y es propio del futuro dar miedo, porque lo que aun no se le fue revelado, no puede ser controlado. No hay lazo suficientemente ancho para atar a un poste todas las variaciones que el mañana imprudente puede tener, sin dejar de nombrar al impedimento principal: la multiplicidad de devenires.

Con esto quiso exponer y compartir, que, con dos tasas de te, medio litro de agua, dos holgazas de pan viejo tostado y demás manjares cuidando su sistema digestivo, herido durante las semanas de festejos gastronómicos espirituosos, no queda más remedio que disfrutar, sentado, mirando por la ventana, el día en camara lenta mientras la luz se va y el olor a grillo mojado queda.

El no maneja, conduce otro, lo que puede hacer es decidir que leer, a quien mirar, con quien charlar y mientras la nave va y va, le avisan que se puede sacar el cinturón de seguridad para salir a jugar.

Jonpol




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