Le Libertec

Un frio recortado, casi imperceptible rodea mi cuello. Como si fuera un mar de líquidos retractándose de venir en primavera. Me siento a en la vereda de un teclado desdibujado pero ocurrente, un sillon viejo, movible, pero mío, una casa con la heladera llena, con madre de puta madre y con padre oso descansando. Me relajo y me propongo a descansar una vez más en la cueva parental.

La ventana dice que es floresta, que estoy en un décimo piso, de una ciudad vacía y limpia por lo nomade de sus habitantes semanales. Las luces me muestran lo que quiero ver a lo lejos para convencerme de que es un paraje real.

Y todo lo demás también. La historia de un hermano que viajo al viejo continente y pudo ser libre de su santo y seña, de sus grilletes de preconceptos.
Que es la libertad sino eso, no arrastrar más que la propia voluntad. Y sin olvidar el propio amor.

Podría haber hecho un texto enojado. Un texto perdido.
Tal vez incluso, me podría haber quejado.
Basto con quedarme callado
Basto con dejarme de lado.

Ahora el estomago arde y los ojos marean, ahora la simpleza nos hace decir es de noche "y que tarde" otra vez. Y vos tenes una maquina de mirar, y de hablar.

Podría haber ido más allá. Pero prefiero ser honesto y dejar hasta acá, la piedra, el lugar, hasta donde hoy quiero comunicar.
Prefiero, con mesura, decir, esto es cosa de locos.
Esto es cosa de ajenos.

Esto, Esto es cosa mía.

Jpgmdl

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