Las sonrisas dispares

La miro desde que entró al bar. Perfectamente vestida como para ser definida en dos palabras. Perfectamente y vestida. Se sentó con sus amigas y rodeada de muchachos entusiastas, que están embebidos en el más profundos de todos mis respetos. Camine hacia la mesa con actitud de mozo de restoran cheto, y les ofrecí la carta de tragos, mientras mi glamour era pisoteado por el ruido del 80 que había frenado justo en la parada. Levante los pedidos, serví los tragos con etiqueta propia de recoleta en devoto bajo. Choque de culturas suma a la diversidad. Es la onda que uno le pone dijo un amigo peludo.

Saca charla sutil como quien se interesa. Pero no la evidente choreada de trago por ratoneo en vano, sino con una soltura de felicidad que abrumaba los sentidos. No es facil mirar para otro lado, creanme que no, cuando estas enfrente de un scaniaa modelo cosecha 90 realmente te preguntas quien soy yo que hora es donde estaré. La noche trascurrió sin sobresaltos para mi pesar, me entretenía jugando a que no me generaba ninguna sensación que un batichurro educado la estuviera cortejeando. Era obvio que una mujer asì no esta esperando ni le hace falta esperar. 

Tengo un flashback del jueguito de las edades, en el que adivine con una mirada profunda "23" para sorpresa de la comensal, y a su vez, cuando dije mi edad y nombre, citando a mi viejo y su chamuyo por longitud de apellido, le doy mi DNI. Funciona chicas, es re erotico ver un apellido triple solo por parte de padre (?).

Me quede con 23, como si fuera un número de barras consolando la falta de nombre de pila. 

Volví a tener mi momento, fue sutil, correcto, mi posición es la de un tipo menos ansioso catrasca, dejando que la situación se desenvuelva. Consigo su nombre...No intento influir para nada pidiendole permiso al dueño de ver si le podía dar a las cumpleañeras cotillon festivo que tenía en el auto (si, llevo cotillon festivo encima siempre). Pero bueno un artista es un artista. 

Se queda sola, se alejan los buitres, y...levantan campamento. La festejante y su otra amiga fernetera se acercan a la barra a agradecer a dejar como 25$ de propina (creanme, en bajo devoto es un montón) pero ella no parece saludar a la servidumbre.

Pierdo lo poco que tenía de solidez orgullosa. Si no puedo con las rubias, para que me hago el peter pan.

Salgo afuera decidido a hablarle, y comienzan la caminata hacia San Martín cuando me vacilaba entre la verguenza y el miedo.

Mitad de la calle, le digo "Che _ _ _ _, te puedo pedir el número"...."...jeje tengo novio, se me complica..." Funde a negro con la sonrisa de halago en su cara. No tengo más que decir y hacer. No me gusta robar besos o no me animo. Pero no era el momento.

Retrocedo contento, como aquel que sabe que fue a buscar lo que las ansias le sugerían. El impulso único y real de buscar lo que uno quería. Y me siento en una pansada de sabor y respeto hacia mi mismo.

Es añudo que lo fajen al que nace barrigon.

Juan Pablo González Manrique de Lara

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