El Caribe Emocional (ponete bronceador que esto va a quemar)

Bajo por las escaleritas de mi conciencia hacia un blanco piso, blando, atractivo, que se aferra y se mete en cada grieta de mis pies. En cada herida sanada con relieve y agujeros. Esta tibia, pero ese tibio que refrezca, no que incomoda ni acobarda a los adoradores del frío. Con las hawaianas en la mano me busco una silla, cuando el vientito me pide prestado los anteojos negros, que sin duda, uno utiliza para evitar que los reflejos lo despierten o distraigan a uno de semejante trance. Tomo una reposera, y junto con mis manos los vidrios rotos, maderas quemadas, colillas apagadas y todo tipo de objeto con terminación lingüística que indique claros vestigios de dolor.

Me siento a contemplar como lapislazulino el mar de lo imprevisto. Antes borrascoso y marrón como Mar de Ajó en Julio, ahora un cancún con un poco de tierra.

No hago más que contemplar, y dejar que el sol me roce un poco. Que los artistas callejeros que se me cruzan me entretengan, y que me vendan garrapiñadas como las de plaza de mayo, o barquillos de dulce de leche.

Que, cuando la inercia de mi vida playera me demande agua, me meta en ese mar, a refrescarme, no a enmarañarme, ensuciarme, o a llenarme de aguavivas que se desviven por dejarme marcas y arder todo lo cual poseo.

Se acerca la tarde, y sigo como pasmado. Con una sonrisa marcada, con sonido ambiente amigable, con valores y viñetas que se revuelven en mi cabeza, pero tampoco tanto, ni tan poco.

Se acerca la noche y creo que ya es hora, de tomar mi silla, guardarla, y subir las escaleras.

Y mientras camino dándole la espalda al mar de incertidumbre, no entiendo porque el mar si es imprevisto y no la tierra. No entiendo porque me preocupo por algo tan vasto, tan enorme, tan poco mensurable, tantas incógnitas refrescantes...

Cuando solo una etiqueta, solo un cartel, solo una imposición artificial me dice "el mar es una duda, el mar es el futuro"

Porque no dudar de cada paso, porque no dudar de cada giro, de cada acción, de cada consecuencia y de cada razón.

Si alguien algún día me preguntara ello, yo les contestaría que la verdad, aquellos filósofos y teóricos tienen razón. Bien podemos pasarnos la vida preguntándonos la razón o el significado de todo.

O bien también, podemos transitarla, sin preguntarnos demasiado, sin mirar más allá de un par de baldosas de distancia, hasta allí donde la niebla se disipa y volvemos a ver el mar, en esta isla, en la que aparentemente estamos encerrados, pero que tanto gusto nos dá.

Juampi

Comentarios

Entradas populares de este blog

Anaksunamun (o como, hasta a "la momia", con todos sus poderes, le metieron las guampas)

Onomatopeya de sonido glutural emitido con el esofago con rudimentaría bronca (o también "Mmmmmmmmmrrrrrrrr")

Carta para un amanecer (leela cuando puedas)