Una guía para reconocer a tus santos
Hace pocos años que para mi los años tienen un corte. Terminan, salen de una rutina particular para entrar en un terreno sinuoso pero conocido, nuevo pero repetitivo, familiar. Rutinario. Sucede a menudo que cuando menos te lo propones, más deliberadamente rompés con un proceso repetitivo.
El año pasado, en enero, el primer día del año me fui a Mendoza. Cuando volví, sentí que el 2009 había quedado a mil millones de años luz. Y este año, me sucedió algo parecido.
Llegue a San Bernardo el segundo día del año, y hoy que volví a la selva de metal, hormigón y trasporte poblado de trasportados, siento que el 2010 termino hace siglos.
Y no es casual. No es una simple coincidencia.
Los dos sucesos tienen un hilo conductor que es lo más importante que puedo llegar a resaltar. Los pequeños participantes, coprotagonistas. Aquellos que acompañan desde el alba hasta la noche, desde la montaña hasta la orilla. Desde el momento en que uno elige con quien y como quiere pasar sus vacaciones. Como y donde. Como y que.
Y parece que fuera un tema casi trillado, pero sostengo impunemente la necesidad de destacar el cariño interno y externo. Interno, porque la felicidad y las inyecciones de risa hacen que uno se recargue de energía, y depure los vicios de un día a día que a todos nos hastía.
Y externo, porque la única forma de poder realizarnos realmente es, para mi, cuando uno siente ganas de algo, y lo puede llevar a cabo. "...Una alegría...", le dije a más de uno de mis compañeros de viaje, amigos de la vida, y familia espiritual, durante esta semana, Una alegría es la que me falta. Lo cómico, es que el contenido no era un amor de verano, o una seguidilla de reivindicación masculina teórica, sino simplemente reírme. Simplemente tener un 10 en anécdotas, simplemente observar como alguien no rompe el hielo, sino lo pulveriza. Crear y ser creado en una frecuencia sideral donde lo único que realmente importa es estar en el balconcito, mirando el atardecer, jugando al truco y tomando fernet.
Donde lo mundano se hace regla, donde el alfeizar y el meceser se comen cruda a las pulsiones y deseos de nostalgia.
Donde manda marinero, no hay lugar pa' capital.
Donde habita el olvido, no hay internet, no hay teléfono, no hay nada, no se puede llegar.
Menos comunicar. Menos acercar; y mucho, mucho menos, corroborar.
Donde están los ruidos, los borrachos con facha y capacidad de sorpresa. Donde las calles son pequeñas, donde no hay tantas chicas y sobran los hombres, donde la playa es sucia corta, fría, pero es mía (nuestra) y es bella.
Donde las nubes tapan todo, todo lo demás. Y ya no hay nada más que hacer, que tomar reir y cantar, macaco y nada nada más.
Donde vive la vida. En San Bernardo, papá.
Ammar Al Assado (ex Jpgmdl)
...Dedicado al rompehielos ferreira, al ingeniero idolo pato bessone, al profesor leo, a luchano loco y a fabrizzio manija musumeci. Al gordito mentiroso, rey de la noche de San Bernardo por 3 vez, que sin duda, soy yo...
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