El Revisionismo de los mediodías de tele (o que veíamos cuando eramos chicos)

Los domingos son días excepcionalmente bien predispuestos para abordar un análisis casi profundo de nuestros actos. De nuestros quehaceres domésticos que alcanzan el nivel de idiocracia o mismo de las pequeñas y medianas genialidades (PYMG). A su vez, la única forma de adentrarse en el razonamiento de uno sin perderse en el proceso, es en la presencia de amigos que conlleven la tarea de manera amena y cordial. Cómica, hasta incluso chispeante

La revista de ayer tomo un rumbo locuaz, ecléctico, casi impermeable. Todo empezó cuando uno de los tertuliantes esbozó un racconto de la historia de su hermana conociendo a chespirito (al chavo del "8"). Acto seguido, uno había conocido a Jirafales, otro a doña Florinda, otro a Quico. No tardamos en comprender el patrimonio precioso que habíamos absorbido de dicho programa. Al final, Quico compartía, al final, Don Ramón y el Chavo, estaban en la misma, juntos, eran amigos, eran compinches. Doña florinda deseaba el amor, pero cuidando las formas, y la bruja del 71, era la bruja del 71. El capítulo que lo acusan de "Ratero", de robarle a sus iguales, transmite una angustia sin precedentes, sin igual, terrible, austera, de las que raspan. Y la redención, servida en bandeja. La renta, del señor Barriga, que nunca, nunca, se la cobra al seco don Ramón. Y sino espera. El barrio, la vecindad, la unión. La escuela y el respeto. El hambre y la solidaridad, las carencias, que cuando se comparten, se logran subsanar.

Después del chavo, nos fuimos a Hijitus. Seguramente algún pseudocamarada fanático de los derecho$ humanos me va a decir "a que García Ferré estaba con los milicos" y bla bla bla. Pero Pucho, un malandra de barrio, tanguero, busca, que cuando tenía que optar entre los tumultuosos caminos de una moral costosa pero fiel, optaba por el camino del bien, de la bondad. Larguirucho, que había que gritarle para que entendiera, y Neurus, que siempre se escudaba en el Estado para Fechorear. El rico Bueno, inocente de alta alcurnia, pero que ayudaba a sus amigos. El hijo del rico, oaki, un anarquista violento sin igual. Y un superheroe al servicio de su gente. Pero viviendo con ella. Y siempre, necesitando de la ayuda de su comunidad para resolver cuestiones complejas.

Los dibujos que nos fueron captando, nos fueron desarmando y armando, como los caballeros del zodíaco, Dragon ball, donde había que pelear para sobrevivir. El tedio, la lucha, el sufrimiento, la muerte. No era moco de pavo. Pero si algo queda claro, es que los valores que recibimos de tales cuentos, nos fueron forjando.

El desarrollo de nuestro discernimiento, metafísico u otros. El nacer de una idea, de una división del pensamiento, de una escisión. De entender que hay cosas que están mal, y que debemos reconocer y interiorizar. Debemos ser fieles a nosotros mismos y a nuestra cadena de creencias. Debemos ayudar, debemos, debemos...

¿Queremos?

Si algún día vuelven a ver el chavo, y escuchan el "no te vayas chavo", paren un minuto la maquinaria, el cronograma inexistente del zapping.

Miren fijo. Y vean los movimientos, las caras, las muecas. Sientan las impresiones. Sientan.

Sientan, Quieran. Comprendan que la millonésima parte de nuestros pasados fue invadida por una generación donde el amor era el motor de la unión y el regente de la justicia. Donde lo bueno y lo malo existían, y no se negociaba. Donde un daño era reparable, pero si realmente valía el perdón.

Somos de una época distinta. De una época de colores santos, de canciones de grupo, de profesores que se enojan pero nos ayudan. De vecinos que se desquitan con nosotros porque no pueden desquitarse con los de arriba. De amigos, ricos, pobres, loables, despreciables, que al final del día, nos tienden una mano. Somos de una generación en donde las tortas de jamón eran un plato gourmet que todos queríamos probar.

Cuando nos dicen "la torta de jamón, es un sanguche de jamón y queso", nosotros, en lo profundo de nuestros corazones, sabemos que es mentira.
Es algo
Es un premio.
Que si no se comparte, no existe.
Con cariño. JPGMDL (ta ta ta ta TA!)

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