La secta de los que no exageran (o como no darle su medida real a los sucesos de la vida)

Estimados aunque por un tiempo abandonados lectores (podría arrancar con Estimado, que determinaría la cantidad real de lector / es que tengo pero vamos a alimentarme un poco mi autoestima de escritorologo)

Luego de un período de breve iluminación, extensas caminatas, innumerables colaciones alimenticias de supervivencia, luego de cruzar puentes abandonados en los ocultos valles de la bella Mendoza, luego de bailar como Travolta de ácido en San Bernardo, retorno a los pagos de Buenos Aires, y a los áridos y hostiles submundos de la escritura.

Debo reconocer que la musa inspiradora me alcanzo y no con los mejores resultados, ni con las experiencias mas felices, pero el producto de dichas inspiraciones será subido en otra oportunidad, debido a que mi deseo hoy pasa por compartir una de las tantas epifanías breves que estoy teniendo últimamente.

En realidad, no fue una epifanía (Dicese: Revelación repentina e intempestiva de una verdad absoluta, adaptada a aspectos de nuestra vida). Fue una decantación. Fue..algo auténtico, esos sucesos que nos hacen darnos cuenta de la posibilidad de autocrítica. De ver que tantos errores puede uno cometer en contra de nosotros. Y especialmente vino a mi (y anidó) la idea de tomar a la vida de una forma que creo yo muy pocas veces he aplicado. Tomar la vida como realmente viene.

Mi Detractor (el mismo único/a lector) cuestionaría y llevaría al congreso la etimología y la posterior definición de que es lo real. Y tendría razón. Pero entonces surge la misma disyuntiva que siempre tenemos quienes tratamos de entrar en lo desconocido. Si no se que es "real", puedo optar por buscar por todos lados una forma de establecerlo, o puedo tomar el camino dificil. Consiste en aceptar lo que nos pasa, en darnos cuenta que la vida no es una gran salvación ni una montaña que vendrá hacia nosotros, sino pequeños empedrados que nos harán cosquillas, nos lastimaran un poco, nos harán doler en lugares que no vemos ni veremos. Que nos dará el sabor a amanecer que nos invade, mirando el cielo de otro lugar, un cielo que no habíamos visto. No existe nada ni nadie que nos cambie totalmente nuestra realidad, nuestra vida, nuestro hoy. Pero sobran los momentos, los lugares, los recuerdos, las personas que hagan que nuestra realidad cambie sustancialmente.

El único inconveniente es que para encontrar, hay que buscar. Y no desesperadamente, sino en velocidad crucero. Es decir, no se cierren. No construyan paredes alrededor de sus historias, sus esencias al día de hoy. Porque si hacen eso (créanme, fui maestro mayor de obra de mis monumentales encierros) comenzarán por buscar en lo conocido novedades. Luego, al seguramente no encontrar tantas, comenzaran por crear e imponer nuevo en algo o alguien que simplemente no lo tiene. Y peor aún, se angustiaran por dicha falta. Si no se le pone freno a esa situación, uno puede llegar a morir de aburrimiento y de frustración rebotando entre las cuatro paredes en las que nos encarcelamos. O, simplemente flotar, sin avanzar ni retroceder, estancarse.

Espero convertirme, como estoy tratando, en el arquitecto de mi propia expansión. Y nunca, pero nunca, pensar que la vida es algo estático. Porque pensar eso, es quitarle el sentido dinámico, que es, al fin y al cabo, lo que nos activa la lamparita. Y esa energía, que produce todo lo desconocido por lo que nos interesamos, es la rectora de nuestra Realidad. Es decir, a fin de cuentas, Lo que le da Identidad a LO REAL.

Seamos Reales. Busquemos Real. Vivamos Real.
Ya lo dijo alguién, La Única Verdad, es la Realidad.

Con Estima
Su Lustradísima, JPGMDL

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