Musica de fondo para cualquier siesta animada.
Aturdido por la tranquilidad, tanta libertad que otorga la rutina holgada de las vacaciones, me arrojo camino por camino dirigiéndome hacia algun lado urbano. Con edificios y lugares amplio molestos. Escucho música escéptica que criticaba a los políticos ferozmente neuróticos de los setenta, pero no desde la pornógrafa postura de un militante, sino desde la dócil mirada de sui generis. Una suerte de cúmulo de lasers me tocan superficialmente mientras trato de no sucumbir a la sinonimia y a tratar las mismas ideas una y otra vez. O a hacer las mismas cosas. O a estar atrapado en una superficie que cada vez revela menos para darme. Como intentar cosechar un campo derruido por la explotación sin descanso. El miedo que conlleva el poder hace que a veces no valore todo mi obrar. Aunque más que autoevaluación lo que se requiere en estos momentos es acción. La crisis del aparato interior es producto de inacción. Y es...