La musas, las verdades, los caminos.
Todas las carreteras tienen una barrera de peaje que nos hace parar en seco y esperar que alguien nos cobre, no sabemos porque, es siquiera un reflejo. Venía caminando derecho hacia el auto y se me ocurrió la brutal idea de ir a pasear. Uno a veces vive la vida tan de repente que no se toma una mañana para deambular sin un norte. Me subí al golcito, que a esta altura tiene más defensas que Mayweather. Se escucha de fondo, Uka chaca Uka Uka, no puedo parar este sentimiento, chica, tu no te das cuenta lo que me haces a mi. ¿Y entonces, porque no? Descendí hacia las profundidades de la Argentina a través de la ruta 9, en busca de Rosario como primer meta de llegada. Para distenderme, y respirar el aire de una ciudad que sí sabe usar el mar, pero que le dieron un río. El Missisipi Argento. Buscando quesos caseros para matar el alma de gordo y consumista, atravesé San Nicolás, y se me antojó bajar soberanamente pronto, donde viera un monte o una arboleda que me diera la sensación...