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Mostrando entradas de diciembre, 2010

Una gran aventura (o como se dice "2010" en mi lenguaje)

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Hace un par de semanas que en la vorágine de las responsabilidades que acaecen propiamente dichas por no decir, que se nos vienen al humo, llego a la conclusión de que es un muy buen momento para hacer un balance. Siempre trato de que sea profundo, orientarme hacia mis fallas y hacia lo que debo corregir. Hacia lo que falta Hacia lo que sobra Hacia lo incorrecto Hacia lo necio Hacia el reproche. Hacia un lado oscuro de falsas impresiones. Cuando comencé redactar mi anual flagelo, tuve la suerte de toparme con 2 películas. La primera, "500 días con ella" , me dió la impresión de una comedia cuyo final era invariablemente feliz a unque calamitoso. Pocas veces experimente una catarsis real con el cine romántico como en este caso. De no creer. Me veía reflejado en cada gesto, en cada rostro, en cada felicidad descomunal o tristeza apocalíptica del personaje, un romántico empedernido, iluso e idealista. Puede sonar seco y mal, pero lo destaco como virtudes. Sin duda alguna v...

El Revisionismo de los mediodías de tele (o que veíamos cuando eramos chicos)

Los domingos son días excepcionalmente bien predispuestos para abordar un análisis casi profundo de nuestros actos. De nuestros quehaceres domésticos que alcanzan el nivel de idiocracia o mismo de las pequeñas y medianas genialidades (PYMG). A su vez, la única forma de adentrarse en el razonamiento de uno sin perderse en el proceso, es en la presencia de amigos que conlleven la tarea de manera amena y cordial. Cómica, hasta incluso chispeante La revista de ayer tomo un rumbo locuaz, ecléctico, casi impermeable. Todo empezó cuando uno de los tertuliantes esbozó un racconto de la historia de su hermana conociendo a chespirito (al chavo del "8"). Acto seguido, uno había conocido a Jirafales, otro a doña Florinda, otro a Quico. No tardamos en comprender el patrimonio precioso que habíamos absorbido de dicho programa. Al final, Quico compartía, al final, Don Ramón y el Chavo, estaban en la misma, juntos, eran amigos, eran compinches. Doña florinda deseaba el amor, pero cuidando ...

Anaksunamun (o como, hasta a "la momia", con todos sus poderes, le metieron las guampas)

En un pequeño pueblito de la zona oeste, conocido como floresta, un caballero, Pedro Gimenez de Orzola, se disponía a utilizar las mejores hebras de de seda para acorbatar su cuello a la vida eterna. Corrían las horas de la gloriosa década del 1930 (gloriosa para todo aquel que la pasara bien, claro está). Pepito, como le decía la muchachada, estaba perdidamente enamorado. No importa el nombre. Y como generalmente sucede a quienes están en dicho estado amoroso, son consecuentes. Es decir, se pierden. Comenzó a deambular por pasillos noches enteras, imaginando una y otra vez el retorno de la mujer amada (y odiada, sino, como podría ser amada, como se puede entender que un ser humano puede encarnar nuestra existencia más que nosotros mismos sin tenerle una pizca de resentimiento). Sentía la necesidad de comunicarle a cada uno de sus queridos compañeros de andanzas (los del barrio, no los de su sociedad, porque como bien se sabe, hombre que anhela públicamente, es mal visto. Hipocresía ...